la existencia de Dios ...
Escribe: "Verónica"
Correo electrónico del 16 de abril 2007:
"Le
doy gracias a Dios por haber encontrado esta página. Sé que fue una diosidencia
porque Él nunca se equivoca. Estaba orando sobre cómo hablar con Dios a un
hermano que cree más en la razón, pero aquí encontré muchas respuestas.
Gracias y
Dios los bendiga, por que sé que EL EXISTE Y ES".
Respuesta:
Gracias por tus palabras, Verónica. Y gracias por siempre a Dios por guiar nuestros pasos, por guiar tu búsqueda, como tú bien dices al principio.
Efectivamente, a aquellos que todo lo analizan en el laboratorio de la razón y que sólo por este camino pueden entender es en quienes he pensado, todo el tiempo, al confeccionar esta web. Porque yo mismo sé qué es eso. Yo también era así, descreído y racionalista. Pero Dios me dio las respuestas necesarias y, con ellas, la fe -a los 49 años-. No sabría decirte qué fue primero. Pienso que ambas cosas andaron juntas, por voluntad de Dios.
El afamado médico y escritor español Dr. Gregorio Marañón, quizás uno de los intelectuales de habla española de mayor renombre del siglo pasado, decía que: "la razón conduce inexorablemente a Dios". Fíjate bien: decía "inexorablemente", es decir: razonando, con un interlocutor que muestre, por lo menos, una aunque sea mínima apertura de su mente (que no se encierre en prejuicios y criterios predeterminados) y con técnicas científicas como la matemática y la estadística o con la simple lógica, se va derechito a Dios.
A mi entender, has enfocado el diálogo con tu hermano de la mejor manera posible, de la forma más conveniente, usando su mismo método: el razonamiento. Porque Dios quiere poner (la ha puesto ya) en su corazón (y en su mente) la semilla de esa fe que tú deseas para él. Otra cosa es que la semilla germine y brote: porque ahí es donde interviene el elemento humano. O sea: él mismo y su entorno.
Te aconsejo leas la página "Directo a Dios" de esta web, si no lo has hecho ya. Contiene algunas respuestas más para tus argumentaciones con él, creo que suficientemente directas y me gustaría pensar que "inexorables" (como decía el Dr. Marañón) para tu hermano. Mejor aun si puede leerla él mismo.
Que Dios te acompañe en tu empeño. Rezaré por ello.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago.
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Escribe:
"Miguel"
Correo
electrónico del 14 de febrero de 2008:
"Un
ser presente y omnipresente que está entre nosotros tiene en
su mente todo el concepto de lo que es nuestro mundo y su destino,
reflejo de sus pensamientos infinitos, sin tiempo, como nuestro
mundo. Está más cerca de nosotros de lo que pueda
pensar uno. Pero el ser humano, afán de poder y materialista,
sólo piensa en él como una simple imagen que está
a nuestra disposición sólo en situaciones extremas de
necesidades. Pero no es el caso. Está aquí, nos observa
a diario, su mente es la viva imagen de nuestro mundo infinito y
nuestras vidas infinitas.
Es verdad que el ser humano necesita
renacer de nuevo, pero también necesita este contacto directo
con él, sin intermediarios, porque dios está en cada
uno de nosotros. No necesitas templos ni mensajeros. Él es su
propio mensajero. Es tiempo que comprendamos y no imponer religiones
en nombre de dios. El niño es libre de buscar su camino con la
ayuda de su propio dios, que es el de todos, con sus mil nombres y
mil caras.
El materialismo es un impedimento básico en nuestra evolución espiritual. No tendría que ser permitida la acumulación bajo ningún concepto. El trabajo tendría que ser un hecho voluntario, conforme al nivel de cada uno, pero el fruto del mismo tiene que ser repartido por igual a todos. El que sabe tiene que enseñar al que no. Eliminar estas barreras de avaricia. Es ahora cuando tenemos que cambiar nuestros hábitos, si no nos destruiremos nosotros mismos con nuestra ambición de poder y placeres. Dios está en cada uno de nosotros en cada momento."
Respuesta:
Creo que tienes mucha razón, Miguel, en la mayor parte de lo que dices. Pero déjame decirte una cosa que me parece muy importante:
Cuando yo me hago socio de un club de fútbol, lo hago, no sólo para poder disfrutar de ese deporte que a mi me parece bello, sino porque inmerso en la "familia" de socios de ese club me siento mejor, más feliz, más acompañado, contento de compartir con otras personas esa mi afición por un club determinado, porque su júbilo cuando se marca un gol es mi júbilo, porque soy capaz de abrazarme, entonces, con alguien que no sé ni como se llama, porque me hermana... Cuando firmo un manifiesto que otros han redactado sobre no sé que causa que considero justa, no sólo estoy apoyando la opción que se me explica, sino, también, porque así me siento miembro de un colectivo, o persona solidaria con él, que protesta de algo que no le parece bien y pide el cambio a mejor junto con otros cientos o miles de personas... y por ello me siento bien, porque mi opinión sobre el tema no va solo conmigo, camina con otros muchos que piensan lo mismo que yo... Cuando me emociono viendo una película, y mirando a mi alrededor veo que a los demás les emociona lo mismo que a mi, y que les brillan los ojos o sonríen felices, y que dejan que por un momento aflore la mejor emoción que encierran sus almas... me siento comprendido, acompañado, hermanado... porque sentir, emocionarme, conmoverme en compañía, es mucho mejor que hacerlo sólo, no te sientes uno, te sientes muchos.
Por eso necesito la misa, además de por lo obvio -Dios está ahí-, porque yo soy católico, y ahí podré manifestarlo sin ese rubor incomprensible que me llena (que llena a tantos) cuando me toca hacerlo en otro contexto social. Por sentirme partícipe de un paraíso futuro que sé que existe, pero al cual aun no veo. Porque todos los que me rodean necesitan lo mismo que yo. Y nos damos la paz, nos la deseamos de verdad... y eso me hace bien.
Y me importa un comino (por mi, no por él), lo que haya hecho o sea el sacerdote que oficia. Porque sé que el milagro se va a desencadenar igual. Porque sé que Cristo va a estar ahí, en el pan y el vino, sea como sea el que va a actuar de mediador, porque de eso no depende. Esa persona, tan pecadora quizás como yo mismo, recibió ese poder para siempre, pero también está hecho de barro... como lo estamos todos.
Yo quiero ser uno más en el grupo, en ese grupo que es el mío, el de los católicos. Quiero que ese grupo sea para mi. Lo necesito, porque potencia mi espiritualidad, aunque mi vecino pueda ser aun peor que yo. Lo único que me importa es que él, como yo, quiere ser bueno (por eso comparte conmigo la Eucaristía), aunque sólo lo consiga a ratos.
En definitiva: lo único importante es lo que acontece encima de la mesa del altar. Jesucristo escogió como a su sucesor a un hombre débil, infiel y traidor... porque ¡no había otra cosa!.
Podría hablarte en los mismos términos si tratáramos el tema de la confesión o reconciliación, pero de alguna forma dimana de lo anterior: si quiero formar parte de un grupo de personas que sienten y piensan lo mismo que yo, debo de congraciarme con ellas cuando pecando les soy infiel, y por eso necesito a uno que les represente, como eslabón-mensajero de mi arrepentimiento y solicitud de perdón. Dios ya lo habrá hecho si me arrepentí ante Él, si, pero mis compañeros de viaje, no, porque no conocen mi pecado y me van a sonreir igual que siempre, sin saber de mi infidelidad, y eso me va a producir sonrojo. Es como cuando te pillan en una mentira ¿sabes?, porque no sabes qué cara poner ni hacia donde mirar. Por eso debo contarlo a alguien -un representante del colectivo- que me dé el perdón, en nombre de Dios, claro, pero que conociendo mi pecado como miembro de la colectividad, me reconcilie con los demás miembros del grupo.
Por lo tanto, no se trata de imponer religiones, estoy completamente de acuerdo contigo también ahí, pero sí se trata de sentirme miembro de aquella que me ofrece todo eso, aquella en la que me encajan todas las piezas.
Razón de más, ésta y tantas otras como las se ofrecen a lo largo y ancho de esta web, para escoger la religión católica como la mía. Porque todo este concepto, una parte del cual, sólo, te acabo de explicar en estas líneas, está en ella, porque me habla de mi vida como de un camino para llegar a algo mucho mejor que da sentido a la Creación, porque hace que encajen muchas de las piezas del puzzle de mis preguntas, me da razones para soportar los padecimientos con la mejor sonrisa posible, me cambia en positivo lo que otros ven en negativo, me hace mejor de lo que era (¡espero!), es el motor de cada momento de mi vida, da sentido a mi existencia, no es ni pasiva, ni absurda, ni inhumana, ni inventada, ni incoherente... como otras "religiones".
Y, dado que creo en Jesucristo a pies juntillas, encima es la que dimana directamente de él, desde el capítulo 21, versículo 16 del Evangelio de San Juan, cuando le dice a Pedro: "apacienta mis ovejas".
Recibe un cordial saludo.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: "Ernesto"
Correo electrónico del 23 de febrero 2008:
"Creer en un Dios es signo de inmadurez intelectual. Yo no encuentro la diferencia entre Santa Claus, los Reyes Magos, el Ratón, Dios o el Coco. Todas estas son historias que aprendes de tus padres, las cuales tienes que dejar atrás a medida que creces. Creer en Santa Claus es una ilusión muy bonita: piensas en los regalos, en el trineo, en el gordito vestido de rojo y en el polo norte. Pero llega el momento en que creces y te das cuenta de que Santa Claus simplemente no puede existir. Creer en Dios es también una ilusión muy bonita: "Si te portas bien te vas al cielo..., todos los que sufren tendrán su recompensa cuando mueran..., Dios te quiere y se preocupa por ti... bla, bla, bla," Pero cuando creces empiezas a pensar por ti mismo y te vas dando cuenta de que hay cosas que no tienen sentido, que hay ideas tan ridículas que insultan la inteligencia. Y cuando llegas a este punto no te puedes regresar, sería como tratar de creer en Santa Claus cuando sabes que no existe."
Respuesta:
¿Y para ti sí tiene sentido una vida que no lleva a ninguna parte? ¿Tiene sentido un sufrimiento que no sirve de nada? ¿Lo tiene una complementariedad física de sexos, fruto de no sé qué imposible azar? ¿O una maquinaria -el universo- en donde todo tiene su lugar, su función, su porque? ¿Tiene sentido esa sensibilidad humana de que hemos estado dotados -el amor, por ejemplo, o el gusto por la música, o por un paisaje...- que no tiene explicación como fruto de la materia sin más? ¿O una tierra donde existe tanta belleza, estadísticamente imposible resultado del azar? ¿Lo tiene la Creación toda, incomprensible, pero perfecta maquinaria?
Pero... ¿de verdad crees aun, tú que ya piensas por ti mismo, que todo vino de la nada? De la nada sólo puede venir la nada. Irrefutablemente.
¿De verdad crees en que no hubo nada antes que hiciera aparecer "lo primero" le des el nombre que le des?
¿Donde está lo que no tiene sentido?
Para mi, lo que no tiene sentido es que ese mismo racionalismo de que haces gala no te haya llevado a la lógica de lo evidente. Y tampoco lo tiene que pongas en el mismo saco a Dios y a Santa Claus, al ratón o al coco. Pero... ¿dónde están las ideas ridículas contra la inteligencia? No confundas los cuentos, las fábulas y las tradiciones con el leit-motiv presente en todas las civilizaciones de la tierra desde que el mundo es mundo: Dios. Con todas las variantes, matices, personalizaciones y etiquetas diferentes que quieras y que cada una le ha otorgado, pero con el mismo significado profundo: El Ser Supremo.
Por favor, léete el apartado "Directo a Dios" de esta misma web. Y luego seguimos dialogando si quieres, correo va, correo viene.
Pero gracias por tu mensaje ¿eh? y por exponer las cosas tal como las piensas... yo también lo acabo de hacer.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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