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Parte 5 ... representa una gran oportunidad...
Un día, Anthony de Mello vio en la calle a una niña aterida de frío, mal vestida y con pocas posibilidades de salir adelante:
"Me enfadé y dije a Dios: ¿Porque permites estas cosas? ¿porque no haces nada para solucionarlo? Durante todo el día Dios no dijo nada. Pero llegada la noche, de repente, Dios me respondió: Ciertamente, que he hecho algo. Te he hecho a ti." (Anthony de Mello. Jesuita. Autor de innumerables libros de divulgación espiritual).
"Aprovecha tu enfermedad para
cambiar tu manera de vivir, y descubrirás que ella, más allá del síntoma y del
dolor, es una oportunidad"
"Escogí, como protagonista de una
novela, a una mujer con una experiencia muy limitada y muy convencional. La
mujer decía `Tuve unos padres maravillosos, una infancia feliz, un matrimonio
perfecto, unos hijos adorables y dinero suficiente para comprar lo que
quisiera. Lo tenía todo. Apenas había sufrido´. Un día su marido murió de
repente. Y entonces se convirtió en un ser humano" (Doris Lessing, novelista
británica
"Un católico me preguntó hace poco: ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz?. Desde hace cincuenta años, millones de personas se han hecho y se hacen esta misma pregunta. Y en especial se la hacen, con infinita angustia, aquellos millones de hombres, mujeres y niños que fueron brutalmente tirados a las cámaras de gas, en Auschwitz y en el resto de campos de exterminio. ¿Qué hacía Dios? ¿Qué significa su silencio ante aquella maquinaria de muerte que trabajaba sin parar? Auschwitz y sus paralelos son la pregunta permanente. El olor acre que emanaba de los crematorios donde eran echados los cadáveres provenientes de las cámaras de gas en las que murieron tantos inocentes -judíos y no judíos reducidos a su última pobreza-, aquel olor sigue bien vivo. Si entonces se pegaba a la nariz y a la garganta, hoy asfixia todas las conciencias. Porque todos hemos colaborado de alguna forma a crear aquella larga noche amarga en la que tres millones de niños, llenos de terror, lloraban con el mayor de los desconsuelos.
La pregunta por el silencio de Dios allí nos afecta a todos: a los verdugos y a los que, hipócritamente satisfechos de nosotros mismos, pensamos no serlo. Porque de alguna manera y en alguna medida todos somos culpables de la muerte de aquellos hombres y mujeres. Cuando, sea como sea, oprimimos a un ser humano o evitamos ayudarlo pensando que no nos incumbe, cuando no somos portadores de paz y de generosidad hacia los otros, los estamos acercando a las cámaras de gas.
¿Dónde está Dios? En Auschwitz y en cualquier parte donde un ser humano es aplastado. Dios está donde estaba en el Calvario: es aquel sobre el que cae la extorsión de los verdugos mientras el cielo calla. Esta es la gran jugada, el gran escamoteo de Dios: cuando, donde sea, hay una víctima, esta víctima es Él. El calvario es un hecho permanente y si, como escribió Pascal, Jesucristo está en agonía hasta el fin de los siglos, donde alguien, injustamente aplastado, agAoniza, Él agoniza.
Por estos mundos de Dios quizás podemos dar con la respuesta a la gran pregunta inicial, respuesta que se convertiría en la pregunta que nos hace Dios a su vez: "¿Y tu, dónde estabas?" o "¿Dónde estabas cuando...?" En definitiva, "¿Quien eras tú en los campos de exterminio, donde Yo estaba entre los que sufrieron el exterminio?"
La pregunta no es, pues "¿Dónde estaba Dios?", sino "¿Dónde estaba yo?. ¿Hay alguien que pueda sentirse inocente de la extorsión y la muerte violenta de millones de seres humanos en toda la historia, de la cual formamos parte? Porque Auschwitz no empezó allí ni ha finalizado tampoco. Comenzó con Caín, continua en toda la historia humana, es hoy en día en la ex-Yugoeslavia, en Ruanda, en Chechenia,... y queda latente en nuestra xenofobia y nuestra intolerancia, por leves que sean, en nuestro menosprecio hacia los demás y en nuestro egoísmo.
Más que una pregunta sobre Dios, Auschwitz es una pregunta sobre nosotros mismos.
¡Somos tan hábiles en condenar a Dios por adelantado, sin examinar nuestra conciencia! Su silencio, ¿no será el que, de cerca o de lejos, le imponemos nosotros? Porque los crematorios siguen funcionando noche y día, de otras formas, con otros nombres, en otras geografía. En todas partes, hoy como entonces, Dios es arrojado a la cámara de gas de los justos. Si se ve así, lo inquietante no es saber donde está Dios: lo inquietante es saber donde estamos nosotros".
(Agustí Altisent. Monje cisterciense. De una carta en "La Vanguardia")
"Jesús curó y ayudó a algunos en su tiempo; pero, ¿qué significa esto para la humanidad? (Schillebeeckx: "Jesús, la historia de un viviente") (...) El hecho de que algunos hombres experimentasen entonces que pasó haciendo el bien, que era poderoso en obras y palabras ¿qué significa hoy para los marginados de turno, para los enfermos incurables, para los que sufren? ¿Es posible vivir del recuerdo de que Jesús trató con misericordia a unos pocos? (...) ¿Y los paralíticos que nunca oyeron ni oirán el `Levántate, toma tu camilla y anda?´ (Mc. 2, 9) (...) Hablar de Jesús y los marginados puede ser hasta reconfortante y alentador. Pero la entrega de Jesús al mundo de la marginación culmina en una invitación a todos nosotros. Después de alabar al buen samaritano (...) Jesús termina diciendo: `Vete y haz tú lo mismo´ (Lc. 10, 17)" (Manuel Fraijó. Teólogo. De su libro "Jesús y los marginados")
"Todo hombre, en su sufrimiento, puede hacerse también partícipe del sufrimiento redentor de Cristo" (Juan Pablo II. De su carta apostólica "Salvifici Doloris")
"Suplo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia" (San Pablo. Carta a los Colosenses, 1, 24)
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