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Permíteme
que te cuente esta historia verídica que no se donde
leí pero que un día guardé en mi archivo porque entendí que aportaba
una luz extraordinaria en la búsqueda de una
respuesta sobre la cuestión del sufrimiento. Son las
palabras de un empresario estadounidense que acababa
de pasar por una grave crisis financiera:
"Empezaba a estar aterrorizado, porque iba por mal camino.
Soy bastante bueno en mi profesión, o al menos eso
creía,
pero durante cierto tiempo parecía que
todo el mundo se hubiera
puesto en contra mía.
Un día fui a la catedral de San Patricio... sólo estuve unos
minutos...
y le dije al santo que me ayudase en mi
empresa.
Su respuesta fue contundente:
"Para tus pequeños problemas dirige las oraciones directamente a
Dios.
Tengo cosas más importantes por las que rezar que las finanzas de tu
empresa.
Ahora y siempre rezo por tu alma inmortal."
Eso no era exactamente lo que
un hombre desesperado deseaba escuchar,
pero cambió mi vida.
Comprendí que Dios había permitido aquellos sucesos
para que recuperase mi perspectiva de lo que es importante en la
vida.
El año 1985 fue el peor de mi vida,
financieramente hablando, y aun
nos estamos recuperando de él,
pero se lo agradezco a Dios todos los días"
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