t e s t i m o n i o s
Tatiana
Goritcheva
André Frossard
A...
Didier Decoin
Fraternidad franciscana
del Bronx
"Nace en Leningrado (actual San Petersburgo) en Rusia, el 1947. ...Se licencia en Filosofía y estudia Radiotécnica. Tenía proyectada una excelente vida profesional, militante del partido comunista y agnóstica declarada, cuando a los 26 años se convierte al cristianismo... después de leer atentamente el Padrenuestro. Su vida, hasta entonces, oscilaba entre las reuniones del partido soviético y las clases en la Universidad: pero era una vida insatisfecha: ni las reuniones del partido ni los ejercicios de yoga, que practicaba con frecuencia, llenaban su espíritu.
Fue, a través del Padrenuestro y su repetición mental durante seis veces, cuando sintió que una fuerza especial invadía su espíritu. Era algo inexplicable desde las tesis comunistas y desde la propaganda del materialismo ateo. Comprendió, de repente, que Dios existe. Ella misma nos lo explica en sus memorias:
`En aquel instante comprendí y capté el misterio del cristianismo, la vida nueva y verdadera. ¡Esta era la redención efectiva y auténtica! En aquel momento, todo cambió en mi. El hombre viejo había muerto. No sólo puse fin a mis valoraciones y ideas anteriores sino también a las viejas costumbres´ (cf. "Hablar de Dios resulta peligroso", 1984).
Una vez convertida al cristianismo, se confiesa y busca consuelo en el Cristo vivo de su fe. Inicia, con algunas mujeres, el primer movimiento femenino de la Unión Soviética inspirado en los valores evangélicos. Su vida adquiere sentido en el trabajo hacia los otros y en la expresión de su fe en la Iglesia Ortodoxa rusa.
(...) Tatiana Goritcheva considera, desde su pensamiento teológico vivo, que la sociedad materialista es, por definición, ateizante. Excluye radicalmente el diálogo con Dios, con el Ser transcendente. Llena al hombre de criterios cientistas y pragmáticos, y consigue extender un odio terrible en el corazón de las personas.
La pensadora rusa comprende la necesidad del cambio. ¿Por qué resulta peligroso hablar de Dios? Hace falta el cambio en el tiempo: una mentalidad nueva para unos tiempos nuevos, donde el ser humano aparte el horizontalismo materialista y se enfrente, con autenticidad, a su interior transcendente y vertical".
(De "Catalunya Cristiana" - 27 febrero 2003)
En el terreno de las conversiones, encontramos
ejemplos de gran significación: unos espectaculares, otros culminación de un
proceso en el inicio del cual hay un hecho que resulta ser la clave de la
transformación. Entre las primeras hay que mencionar la de André Frossard,
autor del libro "Dios existe, yo me lo encontré", donde
explica
la historia de su conversión. De él seleccionamos este extracto:
"Mi compañero bajó y, con la cabeza inclinada en el
centro de la puerta de su coche,
Bien, iba a rezar, a confesarse, en fin, a entregarse
a una u otra de estas actividades
¿Cuáles son mis
pensamientos?. No me acuerdo. Imprecisos, como de costumbre...
Son las cinco y
diez.
Ateo tranquilo,
nada sé, evidentemente, cuando, cansado de esperar el fin de las
incomprensibles devociones que retienen a mi compañero un poco más de lo que
había previsto,
De pie, cerca
de la puerta, busco con la mirada a mi amigo sin conseguir reconocerlo
Después, ignoro
porque, se fija en el segundo cirio que quema a la izquierda de la cruz.
Entonces se
desencadena, bruscamente, la serie de prodigios la inexorable violencia de los
cuales
Antes de nada
me son sugeridas estas palabras: vida espiritual.
Me son dichas,
no las formulo yo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mi, en voz
baja, por una persona que estuviese viendo lo que yo no veo aun.
No digo que el
cielo se abra, no se abre, se eleva, se levanta de golpe,
Es un cristal
indestructible, de una transparencia infinita, de una luminosidad casi
insostenible
Él es la
realidad, Él es la verdad, lo veo desde la orilla oscura donde aun estoy
retenido.
Su irrupción
desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es otra cosa
Y me pregunto,
al verme aun con medio cuerpo atrapado por él,
Un padre alcohólico, una madre con problemas, soledad, calle, bebida, droga... Un retrato que por desgracia no sólo pertenece al joven de esta historia. Éste, terminó en prisión: homicidios, violaciones, atracos... Vicki Molins (stj) cuenta la extraordinaria experiencia que vivió "A." en la cárcel, un ejemplo de que, para Dios, nada de lo que hagamos puede apartarnos de su amor, porqué Él siempre puede rescatarnos del pozo en que estemos por profundo que pueda parecernos:
"Mira, yo creo en Dios desde que me pasó una cosa que me cambió por dentro. Hace años, en una de las prisiones en las que he estado, había un muchacho que siempre estaba leyendo la Biblia. Yo me reía de él y le decía a menudo: `Pero tío, ¿tu crees en todo eso?... Dios no existe´. Él no decía nada, ni se enfadaba, sólo me preguntaba si quería que me leyese alguna frase. Yo reía, me burlaba y le decía que no necesitaba aquellos `cuentos´... Y así un día y otro día. Hasta que una vez le respondí: `Mira, yo no creeré en Dios hasta que lo vea o lo tenga a mi lado...´
Aquella noche, cuando ya me había acostado, me pasó una cosa realmente extraña que no sabría explicar. De repente, sentí como si Dios estuviese a mi lado, delante mio, o dentro de mi. No sé como fue. El caso es que me estremecí de arriba a abajo y por primera vez en mi vida supe lo que era emocionarme. Era como si empezase a tener sentimientos. Al día siguiente me sentí otra persona.
Fui con aquel muchacho y le pedí que me dejase leer la Biblia, aunque no le conté lo que me había pasado. Ahora, aquí, es el único libro que tengo."
(Publicado en "Aixeca't" de Mayo-Junio del 2003)
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Novelista -premio Goncourt en 1977-, Didier Decoin es un escritor muy conocido en Francia. Vivió una extraordinaria experiencia hace poco más de treinta años: otro ejemplo de esas conversiones impresionantes y aparentemente repentinas (como la de André Frossard contada más arriba), que a la vez nos sumergen en un cúmulo de conjeturas sobre el porqué. Hipótesis que no pasan de meras especulaciones, pues nosotros, los humanos, no podemos conocer el "curriculum" personal que lleva a Dios a "regalar" esas extraordinarias experiencias. Leamos la de Didier Decoin y notemos la similitud que tiene con la de Frossard en lo que se refiere a su actitud "antes de":
"Era un día de septiembre. Yo me encontraba en un estado psíquico neutro, sin alegría ni angustia. Mi vida se desarrollaba entonces en una indiferencia completa hacia las cosas de la fe. El evangelio era para mi una bella historia, pero nada más. Yo era un joven escritor a quien el éxito comenzaba a sonreirle. Era también periodista y amaba mi profesión. Había soñado con hacer cine. (...) quería masticar la vida con todos los dientes. No tenía, por tanto, ninguna razón, en esta época, para hacerme preguntas metafísicas sobre la otra vida y sobre la existencia de Dios. No era ni amigo ni enemigo de la fe: me reía, realmente, de este tipo de preguntas.
No estaba inmerso en un piadoso tratado de espiritualidad, estaba... ¡lavándome los dientes! De repente, tuve la certeza absoluta de la no-existencia de Dios. En un instante, había adquirido la convicción de que la fe no era otra cosa que una ilusión, una farsa, un mito, y de que iba a poder escribir un libro grandioso y definitivo en el cual diría, irrefutablemente, porque Dios no existe. Como muchos escritores tengo una pequeña libreta de la que no me separo nunca, en la cual anoto las intuiciones que me pasan por la cabeza y de la cual me nutro cuando me pongo a escribir.
Atravesé la habitación para coger la libreta -que se encontraba encima de la mesita de noche- y cuando llegué a mi cama fui proyectado al suelo, mis piernas habían desaparecido. Lo que me pasó fue de una violencia inusitada. Si hace falta una imagen para intentar expresar lo que yo sentí entonces, pondría la del vaso. El mío había estado lleno de agua corrompida, y había sido bruscamente vaciado para hacer sitio a una agua viva y pura. Me sentí bruscamente, totalmente, invadido por una presencia, una fuerza, un calor.
Era, de golpe, total y definitivamente creyente: Dios estaba allí y me era totalmente imposible resistirle".
(De "Panorama" -revista francesa cristiana- Mayo 2003)
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Ya lo dice el evangelio: "Nada es imposible para Dios". Ésta que transcribimos a continuación es sólo una de las muchas extraordinarias experiencias que viven, continuamente, quienes se entregan de forma absoluta a Dios. En este caso hablamos de la Fraternidad Franciscana del Bronx, que en el barrio neoyorquino del mismo nombre convive con los más desfavorecidos. El incrédulo pensará "¡qué casualidades tiene la vida!", pero cuando éstas ocurren cotidianamente, la estadística, el cálculo de probabilidades revienta. Éste es el caso. Comprobadlo leyendo el libro, que os recomiendo (si entendéis el francés)..
"Hace algunos meses, el hermano Bob Lombardo, antiguo experto contable diplomado por la Universidad de Notre-Dame, había sido invitado a predicar a un gran grupo de jóvenes de Atlanta.
A consecuencia de un accidente en el Triborough Bridge, el hermano Bob llegó tarde al aeropuerto de La Guardia. Corrió y corrió por los pasillos de la terminal pero no encontró a nadie en el mostrador de embarque. La sala de espera estaba vacía. Sólo quedaba una azafata.
- Señorita, dijo el padre Bob jadeando, ¡tengo que coger este avión imprescindiblemente!
- Lo siento, reverendo, es demasiado tarde, el embarque ha concluido, las puertas del avión acaban de cerrarse.
- Señorita, me ha entendido mal. Tengo que coger este avión im-pres-cin-di-ble-men-te. Tengo una cita muy importante en Atlanta.
- Reverendo, usted no me entiende. Le he dicho que es absolutamente imposible. Las leyes federales prohiben reabrir las puertas de un avión.
Bob Lombardo es un artista consumado dominando sus emociones y es capaz de anunciar las noticias más simples como las más graves siempre en el mismo tono. Así pues, sin levantar la voz, dice muy tranquilamente:
- Usted no me entiende, señorita, debo predicar un retiro a mil jóvenes. Me están esperando, no me atrevo a decir como al Mesías, pero casi... soy el único predicador. ¡Es imprescindible que coja este avión!
A través de las grandes vidrieras del mostrador de embarque, el hermano Bob ve como el DC-8 se desliza hasta la pista de despegue y, haciendo cola tras él, a los otros aparatos que, cada cual a su vez, cada treinta segundos se proyectarán hacia el azul del cielo.
- Reverendo, no me entiende: ni el propio presidente de los Estados Unidos podría hacer regresar a este avión. El piloto es el único jefe a bordo...
- ... después de Dios, señorita, después de Dios...
El hermano Bob deja de quejarse. Se sienta y, silenciosamente, se pone a invocar al Señor de lo imposible: "Dios mio, si quieres que estos jóvenes, que tienen hambre y sed de ti, tengan un sacerdote, espabílate tu... yo he hecho todo lo que he podido".
El avión de Atlanta se coloca en la pista de salida. Es el próximo al que toca despegar. El blanco avión corre, acelera... Y justo en el momento de levantar el vuelo frena súbitamente, disminuye la velocidad y gira hacia una pista lateral. La azafata del mostrador descuelga su teléfono y mira al franciscano con cara de sospecha. El avión vuelve a la zona de embarque.
Unos minutos más tarde, una anciana, muy pálida, aparece por el pasillo sentada en una silla de ruedas que empuja un steward. La azafata se vuelve hacia el padre Bob y le dice como si no pasara nada:
- Esta señora ha sufrido una repentina crisis de angustia en el momento del despegue. Hemos tenido que desembarcarla. Si quiere subir... su avión va con retraso...
- Gracias, señorita.
El hermano Bob llegó a Atlanta a tiempo... ...Varios jóvenes se convirtieron y cambiaron de vida al oír hablar de Cristo".
(Fragmento de "Des fleurs en enfer", de Luc Adrian, editado por "Presses de la Renaissance")
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Médico y aventurero, Jean-Louis Etienne atravesó, sólo y a pie, los 900 kilómetros que le separaban del Polo Norte. Y encontró a Dios...
"Mi expedición solitaria a pie hacia el Polo Norte ha
sido una experiencia fantástica de ir más allá de mi mismo. Yo he llegado muy
lejos en el compromiso físico y moral. Semanas sólo en el frío, el hielo.
Noches de duda bajo mi tienda, asaltado por el hielo, el sentimiento de una
horrorosa soledad... Todo eso por una conquista inútil alimentada por mi
orgullo de realizar "lo nunca visto". Después, el tiempo que, literalmente, os
sumerge en lo más profundo de vuestra fragilidad. El combate contra uno mismo
que, finalmente, lleva a una unión nunca aun sentida. La emoción de decirse que
se ha estado en el límite de uno mismo y que más que en el Polo Norte se está,
en definitiva, sobre el propio polo interior que ha comenzado a levantar el
velo.
Honestamente, marché para realizar algo con todo lo
que suponía de "mediatización", de celebridad, de éxito social. Una vez solo en
el universo totalmente hostil de la banquisa no pude dar media vuelta aunque,
sin parar, el deseo de abandonar me dividía. Cuando uno está sólo, bajo la
tienda, en la noche, donde se llega cerca de los 40 grados bajo cero, no es la
gloria lo que encuentra, sino el descubrimiento de su carácter, de sus límites
y de su fragilidad. Uno comienza, un poco, por la gloria, y lo que encuentra,
de hecho, es la humildad. Entonces, surgen las preguntas, la confrontación con
uno mismo. ¿Por qué tengo tanto deseo de huir de la vida común hasta el punto
de ponerme en una situación de total soledad y de profundo sufrimiento? ¿Quien
soy yo para intentar una tal aventura? A la vuelta, la prensa me interrogaba
sin parar sobre el frío, sobre lo que había comido o sobre el peso de mi
trineo, todas estas cosas de las que yo me reía por completo. Yo sabía que el
verdadero viaje había sido interior, una confrontación sin maquillaje y brutal
conmigo mismo mediante un proyecto terriblemente ambicioso y totalmente loco.
La celebridad me ha caído encima, efectivamente, con
todo lo que representa de satisfacción personal, de reconocimiento, de puertas
que se abren y de medios financieros para construir otras expediciones cada vez
más faraónicas. Confieso haberle encontrado gusto al principio. Después, poco a
poco, me di cuenta de que cada vez era menor el placer que todo aquello me
producía. La notoriedad es una herramienta formidable, pero también un cuchillo
de doble filo...
...El Polo Norte me había puesto, verdaderamente,
delante de mi mismo. Esa notoriedad que siguió me llevó, sin duda, a un
callejón sin salida.
Tenía urgencia de volver a coger el timón de mi
pequeño barco personal y de volver a estar delante de mi verdad interior, de
parar de ser una marioneta de mi propio personaje público. Al retorno de mis
expediciones di muchas conferencias. Después me pregunté: ¿Por qué hacer el
héroe sobre un estrado delante de gentes que seguramente tienen un heroísmo,
cotidianamente, bastante más complicado que el mío? Lo que es interesante no es
el héroe sino el ser humano que se esconde detrás de él y de sus máscaras. Lo
que yo podía aportar a los otros no era una imagen de éxito, sino una
experiencia humana con sus miserias, sus grandezas y, sobre todo, sus
interrogantes fundamentales sobre la vida.
Nuestra verdad, nuestro deseo más profundo es,
continuamente, de hacer "zapping" por la vida que llevamos, por el trabajo, por
la carrera hacia el éxito, los medios de comunicación, toda esta sociedad de la
imagen, la televisión y los teléfonos móviles, que nos ofrece, continuamente,
medios cada vez más poderosos de huir, de olvidar la cita que hemos de tener
con nosotros mismos. Estamos demasiado solicitados en este mundo moderno. En
ningún momento tomamos el tiempo para la parada, la desaceleración, la soledad
buscada donde, al fin, nos podamos preguntar sobre si estamos en el buen
camino, si la vida que llevamos está verdaderamente en concordancia con aquello
que somos y si está bien atada al que es esencial.
...Ir al fin del mundo, organizar las expediciones
más locas, ha sido, quizás, un medio para mi de no afrontar las vertiginosas
cuestiones metafísicas y espirituales que, de hecho, han estado siempre dentro
de mi...
...Busco la huella de Dios. Creo que ella es como un
sello en nuestras vidas. Creo que, inevitablemente, el hombre se inventa un Dios
que se le parece, un Dios reducido a su deseo, un Dios demasiado pequeño,
demasiado mezquino. Pero yo vivo en la convicción de que toda pregunta profunda
sobre la esencia de la vida conduce inevitablemente a hacerse la pregunta de un
Dios creador, de un Dios en el origen de todo. Creo que hay, efectivamente, un
artesano incomparable que ha creado y continua creando la obra maestra que
ofrece a nuestra mirada. Pienso que el hombre se equivocaría si se privase de
la idea de lo que es divino, porque es un aliento formidable, una respiración
enorme que nos dice que hay algo por encima nuestro, o, más exactamente, al
lado nuestro. El hombre sabe, hoy, manipular la vida, modificar los códigos
genéticos, casi clonar a los individuos, pero no sabe crear la vida. El
misterio continua: el hombre no es, afortunadamente, el dueño del mundo. Le
hace falta, pues, aceptar la existencia de alguien más grande que él.
... Dios, el Creador, ha resurgido en mi vida...
...Mi camino escarpado y no señalizado hacia Él pasa, hoy, por la necesidad de
hacer silencio, pues creo que Dios nos habla sólo si sabemos, realmente,
callarnos para escucharlo"
(Fragmento extraido de una entrevista en la revista "Panorama")
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Escritora y poetisa francesa. Su estancia en un hospital le descubrió a Dios, le "enseñó lo invisible", le mostró que "amar es más vital que vivir"
"Tenía
cuatro años cuando marché de vacaciones, por primera vez, sin mis padres. Caí
enferma y fui hospitalizada. Al mismo tiempo, una huelga general paralizaba
totalmente Francia. Mis padres no podían venir a verme ni escribirme. Viví
entonces la experiencia más fuerte del abandono. El hospital, una barraca
construida en el bosque por los alemanes durante la guerra, era llevado por
religiosas. Una de ellas se ocupó, particularmente, de mi. Me dio el afecto que
no me podía dar mi familia. Pero, más allá de esta aportación afectiva, ella me
enseñó una dimensión esencial de la vida que yo había ignorado hasta aquel
momento: me enseñó lo invisible.
Estaba
enfrente de una mujer que se encontraba totalmente a mi servicio, pero que a
través mío servía a otro. A pesar de mi juventud, quedé deslumbrada por aquel
servicio, por aquel celo maravilloso. No pude hacer otra cosa que presentir
aquello que ella servía.
Aquel
recuerdo, hasta hoy, ha llegado a ser tan intenso, tan obsesivo, que me he
visto obligada a escribirlo, es decir, a tratar de resucitarlo. Ha sido así
como he escrito "La experiencia de la bondad". Me hacia falta aflorar a la
consciencia este recuerdo oscuro y al mismo tiempo tan presente que me impedía
vivir.
Tenía
bien poco material (para escribir el libro), sólo el recuerdo de un velo blanco
movido por el viento, la certeza de haber estado cuidada por una monja. A
medida que escribía, los recuerdos fueron apareciendo uno a uno...
Viví
cuarenta años (hasta que escribí el libro) sin olvidar a aquella religiosa.
Probablemente no pensaba en ella todos los días, pero aquel recuerdo atravesaba
todos los momentos de mi vida, sobrevivió a los días mas oscuros y a los más
alegres...
No
es la proximidad física la que importa, sino la proximidad del alma...
...Aquella religiosa era portadora de una luz como yo nunca había visto de tan
deslumbrante. El esplendor de su actuar y de su abnegación me han marcado para
toda la vida.
Nada
despierta tanto como el dolor. Yo he tenido la suerte de creerme
suficientemente abandonada para que eso me despertara... ...Ciertamente, no se
trata de buscar el dolor, pero cuando uno no lo puede impedir, lo mejor que se
puede hacer es mirar de transfigurarlo. Una desgracia no es sólo un hecho
terrible y preciso que nos cae encima: es, también, aquello que nosotros
hagamos de él, y puede ser ocasión de un sobresalto, de un dominio saludable
sobre uno mismo...
Yo
descubrí, escribiendo, que esta religiosa servía a alguien más, mientras me
servía a mi. Eso era lo que hacía fascinante su celo. Más de cuarenta años
después descubrí qué era aquello que había fundamentado mi vida.
No
se puede amar más que en Dios, tanto si se es consciente de ello como si no.
Gracias a aquella religiosa he comprendido, años más tarde, que amar es más
vital que vivir.
(A la pregunta de: ¿Cree, verdaderamente, que es posible "encontrar" a Dios?, responde:)
"...
se puede, de golpe, tener una experiencia humana tan intensa
que no tenga otro nombre que el de Dios"
(página vinculada a las secciones:"Fe" y "Existencia de Dios")