el aparente "silencio" de Dios ...
Escribe: "Araceli"
Correo electrónico del 23 de diciembre 2008
Estoy pasando por un momento en el que busco respuestas y más respuestas... y, al mismo tiempo, me encuentro, un poco, como la persona que relata que a unos días de pronunciar sus votos... sentía ese "hoyo negro"... también, dentro de mi "inconsciente", entiendo que este momento es una prueba de Dios de maduración... algo que aún me cuesta verbalizar.
Respuesta:
Muchos santos han pasado por ese momento oscuro en que Dios parece como que se retira, como que desaparece... muchos sintieron ese aparente vacío. Y digo: aparente, porque Dios siempre está con nosotros, aunque, a veces, no lo parezca.
En la página por la que me envías este correo, la dedicada al "silencio" de Dios, la frase que encabeza el texto dice: "Dios siempre responde... incluso cuando calla". Porque el silencio también es respuesta. Quizás no la que esperábamos o quisiéramos... quizás, simplemente, significa: no.
Dios quiere que, a pesar de todo, sigamos creyendo en Él. En los aparentemente peores trances de nuestra vida, en medio de lo que nos parezca "ausencia", Dios desea mantengamos nuestra fe viva.
Porque si Dios estuviera en diálogo constante con nosotros, como quien habla con un pariente o con un vecino... ¿donde estaría nuestra libertad? ¿dónde nuestra opción de elegir? Serviría hacer aquello que nos dijera en todo momento y circunstancia. Serviría obedecerle ciegamente sin temor a equivocarnos, porque su propia palabra "en directo" nos diría cómo debemos actuar en cualquier caso.
Pero así... poco amor podríamos demostrarle. Sólo demostraríamos nuestra obediencia, no nuestro amor voluntario y libre.
Por ello, ese "hoyo negro" del que hablas es siempre (o tendría que ser siempre) trampolín para levantarnos y subir más arriba en nuestra escalada hacia la gloria. Puedo asegurarte que yo mismo lo he vivido. Pero también te confieso que después, cuando superas -por la fe- ese silencio-ausencia-oscuridad o como le quieras llamar, te encuentras en un nivel superior de tu vida espiritual... Es el premio de Dios a tu constancia voluntaria, a tu esperanza reverdecida, a tu confianza ciega en Él.
No desmayes en tu fe. Cree y Él te ayudará, aunque pueda ser difícil creer en según que circunstancia.
Dios siempre estará a tu lado... con el oído atento a tu respuesta. Tú debes actuar primero. Cuando vivimos esas épocas de aparente ausencia de Dios, cuando nuestra fe parece estar en riesgo, somos nosotros quienes debemos responder. Es nuestro turno.
Y la respuesta sólo puede ser: fe, más fe.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: Moisés
Correo electrónico del 25 de enero 2009:
"¿Saben? Dios nos pone a prueba cada día. ¿Se han dado cuenta que cuando oran las cosas no se dan enseguida? Bueno, todo es en su tiempo.
Les doy mi historia:
A mi me gusta una chica, me muero por ella pero ella solamente me quiere como su amigo. Me sentía deprimido por esa razón. Le oré a Dios y le clamé y al poco tiempo El me respondió. Por esa razón me siento alegre... la clave de todo es la paciencia, mucha paciencia...
Gracias..."
Respuesta:
Gran sabiduría la tuya al entender que el tiempo de Dios no es el nuestro, y que habla cuando cree mejor para nosotros... si es que cree oportuno hablar.
Nosotros no sabemos lo que nos conviene, Él si.
Nosotros pedimos lo que nos apetece pedir, pero nunca podemos saber si eso es bueno para nosotros o para aquel por quien pedimos. Él si.
Y, sin embargo, la mayor parte de las veces nuestra oración va dirigida a alcanzar cosas buenas, cosas que nos parecen lógicas, positivas y posibles. Como por ejemplo la curación de un familiar... Aunque quizás Él considere otra cosa. Para nuestro desarrollo espiritual, puede creer mejor atrasar su 'si', o simplemente, callar.
Si, aunque nos parezca raro, no siempre todo lo que le pedimos, por bueno que sea, tiene que motivar una respuesta afirmativa de Dios. Son incontables los casos de gente que han mejorado o han dado un decidido paso adelante en su camino espiritual después de sufrir o ver sufrir cerca suyo una enfermedad, una desgracia.
Ni el tiempo de Dios es el nuestro, como bien dices, ni la lógica de Dios es como la nuestra, por la simple razón comentada al principio. Él sabe... nosotros no.
(¿O es que un buen padre dice que si a todas las peticiones de su hijo? No, seguro que no, porque él sabe lo que es bueno para su hijo, el hijo, no).
Pues lo mismo Dios con nosotros.
Sin embargo, no podemos pensar que nos 'prueba', como dices al principio.
Que Él nos ponga a prueba cada día no me parece coherente con ese Dios del que hablamos. Porque precisamente por que "Él sabe", conoce perfectamente nuestra reacción a cualquier tipo de problema o dificultad de la vida, antes de que respondamos.
No, pienso que Dios no nos prueba. Sería como si nos considerara juguetes en sus manos, un juego para Él ("Voy a poner a X... en dificultades, a ver qué hace..."). No, no es posible que Dios nos utilice de esta manera. Porque si es Dios, es decir: capaz de cualquier cosa, con todas las potencialidades y sabidurías posibles... omnipotente, Él tiene que conocer, de antemano, el futuro. O sea: sabe lo que nosotros haremos en cualquier situación antes de que ésta se produzca..
Pero a nosotros sí que nos va a servir la dificultad que se nos cruce en el camino de la vida como una posibilidad de responder positivamente... Ahí tenemos una doble opción. Si escogemos la positiva, fantástico, habremos dado un paso más en nuestro periplo hacia el paraíso. Si escogemos la negativa... una ocasión perdida. Un motivo para que conozcamos nuestra debilidad de carácter y aquello que nos separa del camino de Dios. Una posibilidad de mejora echada por la borda.
Pero casi seguro que habrá más, mañana mismo, para que podamos retomar el camino de lo positivo. Esperemos que para entonces no sea demasiado tarde.
Felicidades y gracias por contar tu experiencia. Hay que ser valientes en dar testimonio. Como tu has hecho.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: Ursula
Correo electrónico del 11 de febrero 2009
"Cada día que oramos nos arraiga los sentimientos más profundos de que Dios Existe y que es el único que puede ayudarnos, a pesar de tantas pruebas. Su constestación es: Espera hijo, no se apresure."
Respuesta:
Gracias, Úrsula, por tu correo. Me has hecho dar cuenta de que en el texto de la página sobre el silencio de Dios no hay, realmente, una mención explícita al hecho de que Él, a veces, aplaza su respuesta hasta el momento en que nos conviene. Gracias por tu observación-colaboración. He introducido en la página una mención concreta a este hecho.
En cuanto a lo de las pruebas te diría lo mismo que le digo a Moisés en los últimos párrafos del correo anterior, el que encontrarás más arriba.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: Lucio
Correo electrónico del 3 de mayo 2009
"Siempre creí en Dios. Hasta ahora sostengo que todo lo que hay en el mundo fue creado por un ser superior a nosotros, pero...
Siempre he orado a Dios, jamas he robado, he ayudado de acuerdo con lo que puedo a mis hermanos, pero soy tan desdichado. La vida la veo como una tortura, todo me cuesta tanto... ¿por qué?
Si nuestro Dios es bueno. No encuentro explicación. Le he pedido en mis oraciones que me ilumine, y veo que cada vez me va mal...
Dios es mi Único amigo, pero la respuesta siempre ha sido el silencio...
¡Que alguien me explique, por favor...........!!!!"
Respuesta:
Hermano Lucio:
Tu pregunta es la de millones de personas. Porque, todos, cuando nos toca vivir algo aparentemente negativo, nos quejamos porque no entendemos a Dios.
Y olvidamos algo fundamental: el buen padre no es aquel que le permite todo a su hijo, no es aquel que nunca le niega nada, no es aquel que nunca le riñe o nunca le castiga sin ver la televisión (pongo por ejemplo).
El día en que dejemos de ver a Dios como alguien con una psicología y forma de actuar y pensar como las de los humanos habremos empezado a entender quien es Dios.
Si, Dios es infinitamente bueno... y por esa misma razón quiere para nosotros lo mejor. Pero lo mejor se obtiene entre las dificultades, los obstáculos de la vida enseñan más que cualquier otra cosa.
Fíjate en Jesús. ¿No sufrió Él -que no lo merecía- hasta la muerte, hasta la entrega de su vida por nosotros? Y ¿por qué lo hizo? Por la humanidad entera, porque siendo Dios, su inmenso sacrificio en lo humano redimía las faltas de todos. Pero, a la vez, como dijo San Pablo en la Epístola a los Colosenses (1, 24), pudiendo sufrir "completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su cuerpo, que es la Iglesia"
Por otra parte, no pienses ni por un momento en que lo que te ocurra sea un castigo. Jesucristo no lo mereció y, sin embargo, pasó por las afrentas, las heridas, los escarnios, el tormento y la muerte misma.
El sufrimiento es un yunque. Un yunque donde nos forjamos como seres humanos.
Te recomiendo leas, por favor, la respuesta al sufrimiento, a tu sufrimiento, en esta misma web, en la sección con ese nombre. En ella encontrarás muchos testimonios de sufrimientos pedagógicos (y redentores) que te harán entender los tuyos.
Si tienes ocasión lee, también, vidas de santos. Ninguno tuvo una vida placentera, pero supieron aceptarla, y purificándose así consiguieron la santidad. Todos sufrieron de una u otra forma.
El admirado José Luis Martín Descalzo, escribió ("Vida y misterio de Jesús de Nazaret"): "Si Cristo ha elegido la vocación de sufrir y morir por la salvación del mundo, es claro que cuantos, a lo largo de los siglos, le estarán unidos por amor, tendrán que aceptar, cada uno en su rango y función, esa misma vocación de morir y sufrir por esa salvación. Y, si un miembro de Cristo huye de esa función, falta algo, no sólo a ese miembro, sino a la misma pasión de Cristo" (haciendo referencia al fragmento de la Epístola a los Colosenses más arriba mencionada).
Para acabar, copio del Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 307): "...Colaboradores a menudo inconscientes de la voluntad divina, los hombres pueden entrar deliberadamente en el plan divino, con la actividad, con la oración y también con el sufrimiento..."
Recibe mi cordial saludo.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: David
Correo electrónico del 9 de abril 2010:
"¿El
silencio de Dios es lo mismo que la noche obscura de la fe?
Es
cuando sientes abandono y tristeza en el alma por que Dios no está
contigo.
Bueno,
eso uno lo cree.
Pero cuando crees haber superado la prueba...
nuevamente el silencio. Y si haces el bien te pagan con mal y si
haces mal te va peor.
Nuevamente me siento así y ya son 11 años
de espera en el Señor.
Pero algo en mi interior me dice: ten fe,
confía en el Señor.
Y en la cumbre de mi Everest personal he
sembrado la bandera donde dice: Jesús, confío en ti.
Pero ¿por
qué siento este vacío, este pozo?
Y me aferro a mi fe y digo:
Jesús, en vos confío y sé que tú me sacaras de esto. Y nada.
Y
estas últimas fechas veo y escucho EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO, y
sé que ese mensaje es para mi.
Pero aun me siento vacío e
ignorado.
¿Qué hago?"
Respuesta:
Hola, David:
"Si haces el bien te pagan con mal", dices. ¿Estás seguro?
¿Cual es nuestro concepto de "mal"? ¿Qué consideramos un mal?
"No existen errores, ni coincidencias. Todos los acontecimientos son bendiciones que se nos dan para que podamos aprender.",
dijo Elisabeth Kübler-Ross, una afamada escritora suiza de lengua alemana. Porque:
"Dios no ama como nosotros quisiéramos que amara cuando proyectamos en Él nuestros sueños. De esa forma, sólo nos ahorraría el sufrimiento al precio de un paternalismo por el que dejaría de ser el Amor" (François Varillon. Sacerdote y teólogo. Frase de su obra "La humildad de Dios")
o:
"No es el camino que es difícil, es lo difícil que es camino" (San Juan Crisóstomo. Doctor y Padre de la Iglesia)
¿Has intentado aplicar esta máxima (de la que desconozco el autor)?:
"Hemos de aprender a afrontar los sufrimientos, porque la mayor parte de los sufrimientos proviene de huir de ellos"
En definitiva y refiriéndome a la vivencia que cuentas en tu correo, intenta verlo así: cuando has hecho el bien, te han regalado otra oportunidad de ser mejor, de superarte. No te han pagado bien con mal. Te han pagado el bien con otra ocasión para perfeccionarte.
Si nos acostumbráramos todos (yo también) a ver lo aparentemente malo que nos ocurra como una oportunidad para crecer espiritualmente, al vencerlo cristianamente... toda, toda la vida la veríamos diferente, todo cambiaría de color, todo tendría algún tinte positivo y sería una ocasión para levantar el pie ante las piedras del camino de la vida, en lugar de tropezar con ellas... que es lo que hacemos siempre.
Dios no está callado. Cada vez que te ocurre algo (aparentemente bueno o aparentemente malo)... te está hablando. No te ignora. Quizás sólo calla cuando nos quiere indicar: "No es aun el momento", o "Haz tu mismo lo que creas conveniente", o "No me ocupo de esas nimiedades que no influyen en tu camino espiritual", o...
Si, sé que a veces se siente ese teórico vació de Él, pero yo prefiero ese Dios discreto a uno atronador que se manifestase patentemente en el centro de la mayor plaza de mi ciudad para que todo el mundo lo viera, lo pudiera grabar en vídeo y hacerle todas las fotografías que desease, y que nos respondiera, con todo detalle, a aquello que le preguntásemos, que nos contase los porqués y los comos del universo, de la vida, de nuestra propia existencia, un Dios que nos guiase de la mano, como a niños, hacia la vida eterna, un Dios que nos "obligase", en la práctica (lo contrario, ante manifestación tan incuestionable sería absurdo), a seguirle.
Claro que así sería más cómodo, más práctico... pero no más conveniente.
Porque entonces... ¿Cómo podríamos disfrutar plenamente de la vida eterna, del gran premio prometido y que esperamos alcanzar, si no hubiera sido algo en cuya obtención nosotros mismos hubiéramos podido colaborar, si nos hubiera sido dado, sin más? ¿Qué papel desempeñaría en ello nuestra fe? ¿Qué sentido tendría pasar por la vida "haciendo el bien" a imitación de Jesúcristo mismo cuando estuvo entre nosotros? Porque tengamos muy presente que aunque Él nos haya regalado la Salvación con su sacrificio en la cruz, pide, de nosotros, una respuesta y una actitud acorde con ese inmenso regalo... Nuestro esfuerzo magnifica lo conseguido, incrementa la estima que tengamos de ello, aumenta la alegría por lo alcanzado, da razón de ser a nuestra vida.
Y recuerda... no estás vacío: le tienes a Él en tu corazón, puesto que en Él crees.
Siempre por Dios y con Dios.
Recibe un saludo.
Santiago.
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Escribe: Melissa
Correo electrónico del 16
de agosto 2010:
Bueno... la verdad, no sabia nada sobre esta pagina y la vi, le di clic... y me he sentido muy confortada. Siento como si Dios me estuviese hablando.... aunque aun no recibo la espero. Es cierto que todos esperamos en algún momento de nuestras vidas esa respuesta que deseamos... pero es tan difícil asumir un "no" por parte de Dios...
Yo quisiera saber ¿como
afrontarlo? Es decir, ¿cómo recibir esa respuesta con agrado y sin
ningún tipo de dolor?... Lo digo porque para mi ha sido muy difícil
no poder recibir mi respuesta y quiero estar preparada... para que el
día que llegue mi anhelada respuesta no me duela tanto, sino aceptar
la voluntad de Dios...
Gracias.
Sé que Dios esta conmigo.
Respuesta:
Recibir un "no" de Dios no tiene otro motivo que el gran amor que nos tiene. Si. Aunque pueda parecer lo contrario.
Dios no actúa como esos padres de hoy en día que contestan afirmativamente a casi todas las peticiones de sus hijos,... esos hijos pueden crecer inmaduros y moralmente débiles. Dios -que sabe lo que pueda resultar de cualquier cosa- conoce muy bien cuales serían las consecuencias en nuestras vidas de sus respuestas afirmativas a nuestras plegarias y peticiones varias, sabe muy bien qué haríamos con ellas, que algunas veces sería bueno pero otras no. Porque somos lo que somos, seres humanos sometidos a la tentación de lo fácil, placentero y sensorial.
Y por eso, a veces, calla: Que puede querer decir, por ejemplo: "No es aun el momento", o "No me ocupo de peticiones banales como esa", o "Reflexiona un poco más sobre tu petición y verás como es sólo un capricho y algo que te podría perjudicar más tarde o más temprano", o sencillamente "No te conviene" (por las razones que sólo Él sabe y para nuestro bien, evidentemente).
Las posibilidades son muchas pero, siempre y en cualquier caso, cualquier silencio de Dios será para nuestro beneficio y provecho. Porque Él es amor y cuida de nosotros sin paternalismos y teniendo siempre en cuenta, por encima de todo, nuestra salvación (por ella dio su vida Jesucristo, su Hijo). Es lo único que le importa.
Si por el contrario, la respuesta es un claro e incuestionable "no"... entonces ya no hay dudas. No te conviene el "si". Y punto.
¿Sería bueno para nosotros que nos tocara el premio mayor de la Lotería?... A primera vista parece ser que sí porque ayudaríamos a mucha gente y aliviaríamos nuestras deudas... pero quizás nos hundiríamos en "disfrutes" nada convenientes. Sólo Dios lo sabe. Y por adelantado.
¿Sería bueno para nosotros que la persona a quien queremos nos corresponda con su amor?... A primera vista parece ser que si, porque una pareja que se ama es de las cosas más bellas que pueda haber... pero quien sabe si esa relación iba a terminar mal y pronto. Sólo Dios lo sabe. Y por adelantado.
¿Sería bueno para nosotros curar de esa enfermedad que nos atenaza?... A primera vista parece ser que si porque ello nos daría más alegría e ilusión de vivir... pero quizás nosotros y las personas que nos rodean olvidaríamos lo que somos y que nos necesitamos mutuamente, nos haría quizás olvidar la dimensión espiritual de nuestra vida, que detrás de ese cuerpo débil y perecedero hay una alma que es eterna... La enfermedad, el sufrimiento, es siempre un modo de que tomemos conciencia de lo que es verdaderamente importante en nuestra existencia, nos hace pensar en otros aspectos de ella que los puramente materiales, nos hace volver nuestro rostro a Dios, para darnos cuenta de que Él ya lo tenía vuelto hacia nosotros, esperándonos.
Una persona enferma es un potente revulsivo, además, para el entorno que la rodea, todo cambia, todo se transforma, porque nos hace ser solidarios... (lee la página dedicada al tema del sufrimiento en esta misma web, si tu petición va por ahí).
Podría ponerte muchos ejemplos más... pero lo que quiero decirte es que, en cualquier caso y siempre, Dios sabe mucho mejor que nosotros lo que nos conviene y conoce el alcance y la consecuencia de todo aquello que nos pudiera conceder.
Por esa misma razón no siempre su respuesta es "Si" aunque siempre es positiva. Y eso no es ningún contrasentido.
Una última cosa: según se desprende de tu escrito esperas un "no" de Dios. Ello -pienso yo- ¿puede significar que de alguna manera intuyes y sospechas, en tu subconsciente, que quizás no te conviene lo que pides...?
Un consejo: vuelve a reflexionar tu petición... en profundidad. Quizás descubras una visión, una perspectiva nueva que desconocías, o que, sin ser consciente de ello, no querías ver.
Tu frase del final lo explica todo e incluso diría más, esa es la respuesta que buscas: "Sé que Dios esta conmigo", dices, y esa fe que le tienes es la que debe de acompañarte y reconfortarte si la respuesta que recibas -si recibieras alguna- no es la que tu esperas, porque siempre, siempre, será la mejor para ti.
Que Dios te bendiga.
Santiago
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Escribe:
Carlos Mauricio
Correo electrónico del 6 de septiembre 2010:
"Cuando no veo la respuesta de dios empiezo a desesperarme, sé que dios es soberano sobre todo. Me cuesta aceptar lo que pasa. ¿Como puedo acelerar el favor de dios?"
Respuesta:
Apreciado Carlos Mauricio:
¿Y si Dios no quiere darte el favor que le pides? Es sólo una hipótesis, pero es posible que así sea.
Te aconsejo que releas con atención el correo electrónico que está sobre estas líneas y que le escribí hace tan solo unos días a Melissa.
Porque aparte de eso, poco puedo añadir.
Bueno, puedo recomendarte que sigas este consejo (sacado de los propios evangelios) que hace referencia al "como"hay que pedir algo a Dios, fórmula que quizás no estés aplicando en tu caso.
Lo expresa el mismo Jesucristo en Lucas 18, 1-8, cuando en la parábola del juez y la viuda nos explica que ésta pedía sin parar a aquel que le hiciese justicia en un pleito y que tanto insistía que, para que dejase de molestarle, el juez le hizo caso por fin. Y añade Jesús: "Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto"
Es decir: paciencia (el tiempo de Dios no es el nuestro) y perseverancia. Sé como la viuda: insistente hasta hacerte pesado. No pares de pedir, no aflojes. A Dios, en el fondo debe de gustarle eso, pues esa actitud demuestra que existe en quien pide de esa manera una fe que no desmaya, que no cede, que cree (a pesar de la espera) contra viento y marea.
Y recuerda -si a pesar de todo no recibes una respuesta de Dios a tu petición-, que "Dios realiza no todos nuestros deseos, sino todas sus promesas" (Dietrich Bonhöeffer).
Que Dios te bendiga.
Santiago.
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Escribe: Maribel
Correo electrónico de 16 de sept. 2010:
"Quería agradecerte por esta página porque me ha ayudado a comprender mejor los silencios de Dios.
Perdí a mis padres relativamente pronto y no tengo hermanos, y asumí muchas responsabilidades ademas de mi dolor inmenso y sin tener con quien compartirlo o sentirme protegida.
Muchas veces le pedí a Dios que me ayudara durante esos momentos difíciles y me cuestioné porque me envió esas difíciles pruebas. Sé que Dios estuvo siempre allí de alguna manera, pero siempre quise más ayuda.
De quien me enamoré fue bueno, pero me falló y escogió a otra, y me cuestioné porque Dios me quitaba lo mas bonito luego de tanto dolor.
Pero los golpes me han enseñado a valorar mejor al ser querido y a valorar a mis verdaderos amigos y a madurar un poco en el campo espiritual, aunque aún me falta muchísimo.
Quisiera que Dios me ayudara a por fin superar todo esto. A veces siento la necesidad de decirle: Por favor, Dios, dime algo, o de interpretar mejor sus silencios."
Respuesta:
Tu correo, que te agradezco, me ha recordado una poesía de un autor brasileño, Ademar de Barras, que alguna vez leí y que te dejo como pequeño comentario a tu escrito. Me parece que tiene mucho que ver con lo que tu expresas en el mensaje. Algo que deberíamos siempre de tener presente en nuestra vida para cuando lleguen "malos" tiempos:
"Tuve un sueño la noche de Navidad:
Caminaba por la playa al lado del Señor.
Nuestros pasos se dibujaban en la arena
dejando una dobles huellas:
En sueños, pensé que cada una de aquellas huellas
representaba un día en mi vida.
Me paré para mirar atrás:
Los pasos se perdían en el infinito
y, curiosamente, había algunos lugares
con unas únicas huellas.
Repasé la película de mi vida
y. ¡qué sorpresa!
Los lugares donde había unas únicas huellas
correspondían a los peores días de mi existencia:
días de egoísmo, de angustia, de malhumor,
días de prueba, de lucha, de malos deseos,
días insoportables, en los que yo mismo
había estado insoportable.
Entonces, me dirigí al Señor
y me atreví a echarle en cara:
¡Tú habías prometido estar siempre con nosotros!
¿Por qué no has mantenido tu promesa?
¿Por qué me has dejado sólo en los peores momentos
de mi vida, cuando más te necesitaba?
Y el Señor me respondió:
Amigo mío, los días en que sólo ves
unas huellas en la arena,
son aquellos días en los que yo te llevaba en brazos."
Que Dios te bendiga.
Santiago.
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Escribe: Freddy
Correo
electrónico del 28 de abril 2011:
"No he podido
descubrir las señales de Dios. Trato de contactar con él pero no lo
escucho.
Tengo ira de no poder hacer nada por el mundo y saber que
gente no está preparada para la vida sin nuestro padre.
No
descubro cómo hacer entender a las personas que no sólo es lo de
afuera, que lo interior es más importante.
Y!!! en especial, no
sé porque gente finge su actitud y no actúa como es realmente.
Me
duele saber que puedo verlo y la demás gente no.
Estudio la
biblia pero no la entiendo muy bien. Puedo decir que dios no habla,
le he pedido que me ayude (no a mi, a las demás personas que
realmente lo necesitan) pero no entiendo el porqué de la
ignorancia..."
Respuesta:
Dios da ojos a todos, pero sólo ven aquellos que los quieren abrir.
Entiendo que estés preocupado por la conversión de la gente, yo también, pero creo que nuestra responsabilidad de creyentes estriba sólo en llevarles la Verdad y en dar testimonio personal de ella. A partir de ahí ellos tienen la palabra. ¿Qué más podemos hacer sino seguir rogando a Dios para que les abra los ojos... y los oídos?
Como Dios quiere recuperar a todo el mundo para la salvación eterna, les da orejas a todos, pero sólo escuchan aquellos que quieren oír. El problema radica en que hacemos demasiado ruido (quehaceres, actividades, diversiones, trabajos, gestiones, etc.) en nuestras vidas para dejar a Dios decir alguna palabra: siempre tenemos algo que hacer, nunca paramos ni un instante.
Mira lo que decía la tarjeta de visita de la Madre Teresa de Calcuta: ¡Recomendaba empezar por el silencio!:
"El fruto del silencio es la Oración.
El fruto de la Oración es la Fe.
El fruto de la Fe es el Amor.
El fruto del Amor es el Servicio.
El fruto del Servicio es la Paz.".
Sólo en el silencio puede escucharse la voz de Dios, sólo así, haciéndole un hueco en la vida de cada día, puede conocerse qué quiere decir. Recomienda esa práctica a los demás. Quizás si lo consiguieran hacer un sólo día, Dios aprovecharía para hacerse oír. Quizás nosotros mismos tampoco lo hacemos tanto como debiéramos.
En cualquier caso, Él hará lo que tenga que hacer con esas personas que ni ven ni oyen la Verdad. Nosotros podemos rezar por ello, si, pero también -muy importante- podemos, y debemos, actuar como creamos conveniente y Dios nos dé a entender para llevársela. Pensando que algo quede en ellos, que no todo cae en saco roto, que Dios es el primer interesado en que esas semillas den fruto. Hay que ser testigos de la fe, apóstoles, "luz sobre la montaña", comunicadores...
Y sobre la Biblia, un consejo: Lee el Nuevo Testamento, los evangelios primero, y deja el Antiguo Testamento para más adelante. Básate en la vida y mensaje de Jesús. Ahí está la esencia del cristianismo.
Que Dios te bendiga.
Santiago.
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Escribe: Mignorie
Correo electrónico del 30 de mayo 2011:
"Hoy, me preguntaba después de reflexionar sobre el sentimiento de no conexión con Dios experimentado días atrás, si mi Padre no me escuchaba o en el peor de los casos si yo estaba perdiendo la fe para hablar desde mi corazón como siempre lo había hecho para comunicarme con el. Decidi entonces, obedeciendo un pálpito (porque no suelo hacerlo, es mas, es la primera vez que lo hago), buscar una repuesta en la palabra, y encontré este articulo que sin duda me motivo a empezar a escribir, y les prometo que antes de terminar este comentario, recibí una respuesta contundente de que mi padre siempre me oye y no solo eso sino que se toma la delicadeza de darme una respuesta. Doy testimonio de su existencia en mi vida, en todo momento, especialmente en los mas difíciles, en los que su obra se manifiesta, otorgándome la bendición de su misericordia. Comiencen a confiar no importa cuantas veces lo intenten, la fe irá surgiendo y en esa medida sentirán el regocijo de ser amados por el Padre."
Respuesta:
Muchísimas gracias por tu testimonio. Es fantástico que hayas podido tener una experiencia tan directa del amor de Dios por ti.
Tu lo dices muy bien, es cuestión de confianza (que forma parte de la fe). Hay que creer de verdad que Él está siempre a nuestro lado, sin dudas ni indecisiones. Eso, si, con los oídos y los ojos bien abiertos para poder escucharle.
Y no añado nada más, tu testimonio es aquí lo realmente importante.
Que Dios te bendiga.
Con mi alegría por el bien que has recibido.
Santiago
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