el sufrimiento ...
Escribe: Lucio
Correo electrónico del 3 de mayo 2009.
"Siempre creí en Dios. Hasta ahora sostengo que todo lo que hay en el mundo fue creado por un ser superior a nosotros, pero...
Siempre he orado a Dios, jamas he robado, he ayudado de acuerdo con lo que puedo a mis hermanos, pero soy tan desdichado. La vida la veo como una tortura, todo me cuesta tanto... ¿por qué?
Si nuestro Dios es bueno. No encuentro explicación. Le he pedido en mis oraciones que me ilumine, y veo que cada vez me va mal...
Dios es mi Único amigo, pero la respuesta siempre ha sido el silencio...
¡Que alguien me explique, por favor...........!!!!"
Respuesta:
Hermano Lucio:
Tu pregunta es la de millones de personas. Porque, todos, cuando nos toca vivir algo aparentemente negativo, nos quejamos porque no entendemos a Dios.
Y olvidamos algo fundamental: el buen padre no es aquel que le permite todo a su hijo, no es aquel que nunca le niega nada, no es aquel que nunca le riñe o nunca le castiga sin ver la televisión (pongo por ejemplo).
El día en que dejemos de ver a Dios como alguien con una psicología y forma de actuar y pensar como las de los humanos habremos empezado a entender quien es Dios.
Si, Dios es infinitamente bueno... y por esa misma razón quiere para nosotros lo mejor. Pero lo mejor se obtiene entre las dificultades, los obstáculos de la vida enseñan más que cualquier otra cosa.
Fíjate en Jesús. ¿No sufrió Él -que no lo merecía- hasta la muerte, hasta la entrega de su vida por nosotros? Y ¿por qué lo hizo? Por la humanidad entera, porque siendo Dios, su inmenso sacrificio en lo humano redimía las faltas de todos. Pero, a la vez, como dijo San Pablo en la Epístola a los Colosenses (1, 24), pudiendo sufrir "completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su cuerpo, que es la Iglesia"
Por otra parte, no pienses ni por un momento en que lo que te ocurra sea un castigo. Jesucristo no lo mereció y, sin embargo, pasó por las afrentas, las heridas, los escarnios, el tormento y la muerte misma.
El sufrimiento es un yunque. Un yunque donde nos forjamos como seres humanos.
Si tienes ocasión lee vidas de santos. Ninguno tuvo una vida placentera, pero supieron aceptarla, y purificándose así consiguieron la santidad. Todos sufrieron de una u otra forma.
El admirado José Luis Martín Descalzo, escribió ("Vida y misterio de Jesús de Nazaret"): "Si Cristo ha elegido la vocación de sufrir y morir por la salvación del mundo, es claro que cuantos, a lo largo de los siglos, le estarán unidos por amor, tendrán que aceptar, cada uno en su rango y función, esa misma vocación de morir y sufrir por esa salvación. Y, si un miembro de Cristo huye de esa función, falta algo, no sólo a ese miembro, sino a la misma pasión de Cristo" (haciendo referencia al fragmento de la Epístola a los Colosenses más arriba mencionada).
Para acabar, copio del Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 307): "...Colaboradores a menudo inconscientes de la voluntad divina, los hombres pueden entrar deliberadamente en el plan divino, con la actividad, con la oración y también con el sufrimiento..."
Recibe mi cordial saludo.
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago
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Escribe: Luz
Correo electrónico del 18 de octubre 2009
"Grandes personajes, grandes santos, casi todos ellos con muchos sufrimientos, empezando por nuestro Dios (Jesus)... Siempre recuerdo a Juan el Bautista que fue decapitado... y uno acá en la tierra que nos ha tocado sufrir hasta sentir el alma ausente... ese sufrir nos acerca más a la LUZ INFINITA que creo algunos lo podemos sentir ya desde la tierra para luego encontrarlo en el más allá."
Respuesta:
Gracias, Luz, por tu mensaje.
Qué grande lo que expresas en tu última frase cuando dices que a Dios -Luz Infinita- podemos sentirlo en la tierra para luego hallarlo en el más allá. Bonita expresión de fe. Sin embargo, quisiera añadir que no sólo algunos podemos sentirlo, pueden sentirlo todos... el problema está en que algunos están sordos y otros ciegos.
Mi enhorabuena por lo bien integrado y comprendido que tienes al sufrimiento en tu vida. Es vital para que podamos, a pesar de todo, vivir con alegría nuestra existencia, porque tanto ella como el propio sufrimiento son don de Dios.
Si, el alma puede parecer "ausente" en algunos momentos, pero la presencia de la Luz Infinita en nuestras vidas borra esta aparente ausencia y la hace estar siempre activa y dispuesta... por amor a Dios.
Saludos cordiales
Siempre por Dios y con Dios.
Santiago.
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Escribe: La Palmera
Correo electrónico del 3 de enero de 2011:
"No se porqué al ir leyendo tantas
frases hermosas y exaltadas exigiendo a los hombres
actuación... siento desagrado infinito... desamparo...
"No
es importante saber dónde estaba Dios en la 2 guerra mundial, sino
que dónde estabas tú, el hombre"... y frases parecidas. Yo no
había nacido, simplemente... no estaba en ninguna parte.
Verdad que
Él nos dice "Ve y haz tu lo mismo"... PERO MUCHO MAS
VERDAD TODAVÍA CUANDO DICE: SIN MI NO PODÉIS HACER NADA.
¿Por
qué tanto buenismo y frases altisonantes... casi, casi acusadoras?
Cada cual tiene su historia... la que Dios le ha dado... pero todas
ellas REDIMIDAS POR CRISTO.
Cada uno es libre, a imagen de Dios,
por tanto responsable de sus actos, cuya influencia es conocida por
Dios y se manifiesta a veces claramente en el tiempo, otras veces
menos... PERO SÓLO CRISTO REDIME. Sólo El es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo.
ES MUY IMPORTANTE, PUES, PARA EL HOMBRE
SABER DONDE ESTÁ DIOS, DÓNDE ESTÁ CRISTO, pues aceptarlo o no es
fundamental.
Busquémoslo sí, en el prójimo, pues ha sido Él el que ha querido ser amado en el prójimo: `Cuanto hicisteis a uno de estos mis pequeños a mi me lo hicisteis´"
Respuesta:
Hola, "Palmera"... saludos.
Si, si, si... estoy de acuerdo, pero... ¡cuidado! con las palabras del dominico M. D. Molinié, autor del conocido libro (que te recomiendo) "El coraje de tener miedo", del que selecciono este texto:
"Cristo ha muerto en la cruz para reconciliarnos con el Padre: era preciso satisfacer a las exigencias del amor herido antes de sanar la naturaleza humana. Hoy tenemos tendencia a ver en el pecado ante todo una enfermedad. La máquina está estropeada, hay que repararla: Cristo, como el buen samaritano, viene a inclinarse sobre ella para restituirle su vigor primitivo. Es verdad, pero no es el mismo misterio de la redención.
El misterio de la redención es otra cosa, de la que no gusta mucho hablar. No gustan las palabras de reparación y de satisfacción; se las rechaza en nombre del Amor porque, se dice, toda esta historia de una deuda que pagar no son más que nociones jurídicas: entre Dios y nosotros hay otras relaciones distintas de las de un juez o un policía con su prisionero. Dios no es un comerciante: `Aquí tiene su factura, si quiere pagar...´ Es lo que dice la mentalidad moderna y estamos todos contaminados por ello"
Pero, hecha la observación, repito: Si, sólo Dios redime.
Sólo una salvedad: Dices: "Cada cual tiene su historia... la que Dios le ha dado". No. Pienso que cada cual tiene su historia, si... pero la que el propio interesado ha escrito. Dios sólo escribe el prólogo, después somos nosotros los autores de esa historia. ¿Dónde estaría, si no, el libre albedrio, nuestra libertad de acción y opción?
Que Dios te bendiga.
Santiago.
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