La respuesta está en Dios...                                                Ser feliz. Dónde hallar la felicidad. Cual es la verdadera felicidad.

     

 

 ¿Cómo ser feliz?

 

Querer aquello que se hace... en lugar de hacer aquello que se quiere

La vida no es un lecho de rosas ¿verdad? No podemos comprar con dinero ni la salud, ni el amor verdadero, ni la ausencia de dificultades... y vivir como si éstas no existieran no tiene sentido: llegarán igual. La única postura realista es aceptar lo que venga... aunque no nos guste lo que llegue.

Y "gustar" de las muchas cosas buenas que la vida tiene y a las que no prestamos atención, inmersos en una carrera a veces desenfrenada hacia el goce efímero.

Y si no, haceros este auto-test: Intentad recordar algún goce físico, alguna "sensación" que os haya proporcionado felicidad, algo que os hiciera dichosos en el momento en que lo vivisteis, pero en el orden de los sentidos... No podréis volver a revivirlo. No conseguiréis "sentir" de nuevo aquella sensación placentera. Sólo recordaréis haberlo pasado bien, incluso muy bien, pero no volveréis a vivir aquella "felicidad".

Ahora, pensad en alguna "emoción" que os hiciera dichosos. En algún momento emotivo, en algún hecho de los que se sienten en el corazón, en algo que os emocionara haciéndoos felices. Ahí no intervinieron los sentidos, sólo vuestra "fibra sensible", sólo el alma... Seguro que podéis volver a emocionaros. Seguro que, de nuevo, sois capaces de conmoveros, y, con ello, volver a vivir aquel sentimiento que os dio felicidad. Una felicidad que, como ahora estáis comprobando, se grabó en vuestro espíritu para siempre. Algo que, por más tiempo que pase, vuelve a "llenaros" por completo.

Seguramente, esos momentos de felicidad real están unidos a ocasiones en las que estuvo presente el amor, el amor verdadero, momentos de intercambio espiritual: un encuentro, una mirada agradecida, una palabra de cariño,...

quizás un testimonio de alguien que os emocionó, quizás una música que os hizo vibrar el alma, quizás un momento de contemplación de la naturaleza...

Se trata, en definitiva de entender que no hemos venido al mundo a pasarlo bien. ¡Triste sentido de la Creación sería ese! Y de comprender que nuestra óptica no es la de Dios, porque Él no quiere para nosotros la felicidad efímera, sino la que dura, la que queda grabada en nuestra alma...

¿Te das cuenta? Pon del revés tu escala de prioridades-, tus valores de vida, y encontrarás otro estilo existencial, derivado del amor al prójimo como única moneda de cambio y como cúspide de esa escala. Un estilo de vida que cambiará tu realidad de hoy para darte la verdadera felicidad.

He visto a muchos pobres felices... he visto a muchos ricos desgraciados. He visto a quien no tiene nada no necesitar nada para ser feliz. He visto a quien tiene mucho gastar la vida en conseguir más (poder... dinero...) sin lograr por ello la felicidad.

Y, además, ¡vive de la esperanza! Piensa que todo tiene una parte positiva, que Dios nos trabaja para que volvamos a Él siendo mejores, nos modela como un escultor al barro, que nada se pierde, que nada es en balde.

Te dirás: ¿Y por qué tengo que creer eso?. Respondo, o, mejor dicho, responde Ortega y Gasset:

 

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