La respuesta está en Dios
Noticias de Dios
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Los milagros, esos controvertidos hechos. (Y, sin embargo, documentadamente reales).
Atosigado por los judíos, en cierta ocasión tuvo que decirles: “Si no hago las obras de mi Padre no me creáis; pero si las hago, aunque a mi no me creáis, creed por las obras, y así sabréis y conoceréis que el Padre está en mi y yo en el Padre”. (Evangelio según San Juan, 10, 37-38) Y para confirmar sus palabras, ante un paralítico postrado en su litera, les pregunta: “¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados' o decir: 'Levántate y anda' Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice entonces al paralítico-: 'Levantate, toma tu camilla y vete a tu casa'. Él se levantó y se fue a su casa”.  (Evangelio según San Mateo, 9, 4-7) Jesucristo mismo utilizó el milagro, pues, como aval de sus palabras, como algo más probatorio que todo lo que pudiera decir de palabra (para aquellos fariseos que no creían o no querían creer en Él eso no hubiera servido de nada). Cuando los razonamientos no bastan, cuando las palabras no son entendidas o no se desea entenderlas, cuando chocan con los prejuicios y las ideas preconcebidas, sólo las obras pueden manifestar, con meridiana claridad, la evidencia. También a nosotros mismos, hoy. En ese contexto, es pedagógico repasar la cantidad de hechos extraordinarios que Jesucristo realizó, todos ellos descritos en el Nuevo Testamento (más adelante trataremos el tema de su veracidad derivada de la historicidad de Jesús). Por nombrar sólo los más “espectaculares”: dio de comer a cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños, partiendo de sólo cinco panes y dos peces; apaciguó, instantáneamente, una gran tormenta en el mar ante la admiración y estupor de los presentes; curó, de distintas enfermedades o minusvalías (ceguera, parálisis, sordomudez, lepra...) a un mínimo de treinta personas (que se encuentren descritas en los evangelios), más o menos de golpe; resucitó a Lázaro, al hijo de Jairo y al hijo de la viuda de Naím; en una boda, convirtió el agua de las tinajas en vino de la mejor calidad... ¿Quien... ? Pregunto: ¿Quien ha hecho algo así? Magos han existido muchos y algunos realmente sorprendentes, pero ninguno, sí, nadie ha hecho cosas tan extraordinarias como las que hizo Jesucristo. Y que conste que me repugna un poco -y supongo que a cualquiera que tenga verdadera fe- tener que enumerar los milagros de Jesús para que se comprenda la veracidad de su persona como hijo de Dios. Pero es que Él mismo tuvo que apelar al valor testimonial que sus extraordinarias obras aportaban a la credibilidad en su persona (“aunque a mi no me creáis, creed por las obras”). Los milagros expuestos anteriormente no tienen respuesta, son incontestablemente eso, milagros, mucho más allá de cualquier truco de magia. Las palabras, por contra, se las puede llevar el viento... cuando se está voluntariamente sordo.  Sé que hablar de milagros no está demasiado de moda y que puede parecer anticuado, pero razonemos y dime: ¿cómo es posible sino -por ejemplo- que desaparezcan por completo cánceres de la noche a la mañana? (la Iglesia Católica es, en esta cuestión, extraordinariamente rigurosa y sólo declara un hecho como milagroso tras un minucioso y exhaustivo estudio de incontestables pruebas y concluyentes evidencias médicas), ¿cómo es posible que muchos cuerpos de santos se conserven perfectamente incorruptos (y despidiendo algunos un agradable olor) después de muchos, muchos años, sin embalsamamientos ni tratamientos especiales para ello?, ¿cómo es possible que personas totalmente deshauciadas por los médicos, afectadas de discapacidades diversas, recobren de golpe la salud: esclerosis, parálisis, ceguera, sordera, etc. volviendo a la vida normal anterior, aquella de la que disfrutaban cuando estaban sanos?... Y son sólo algunos pocos ejemplos, casi escogidos al azar entre miles y miles. Por no hablar de las innumerables señales de Dios (etiquetadas casi siempre por los no creyentes -y muchos creyentes “tibios”- como simples “casualidades”) que se producen en la vida de mucha gente  -de los entregados, de los comprometidos, de los dedicados a vivir en la fe día tras día-, cuya demostración tajante como evidencia de señal divina es totalmente inviable, pero que estadísticamente son imposibles con tal profusión y, muchas veces, teniendo siempre como protagonistas a las mismas personas o comunidades de fe. Pero quien no quiera creer o no quiera vivir con el espíritu abierto a lo trascendente (y no puede ser tu caso, sino no hubieras llegado a leer hasta aquí), siempre encontrará una explicación u otra a todos estos fenómenos, muchas veces reflejando así su criterio no creyente de forma bastante elocuente. ¿Pero quien puede asegurar que Jesucristo existió, que todo lo que se cuenta de él es verdad, que no fue una invención, una recreación posterior sobre la base de alguien que existió pero cuya vida real fue diferente a la de aquel que nos describen los evangelistas? Hay dos tipos de respuestas a esta pregunta. La primera, enumerar las menciones históricas que se hicieron de Jesús después de su muerte. La segunda... evidentísima y por puro razonamiento. Pero vamos con la primera. Los llamados evangelios apócrifos hablan profusamente de Jesucristo, enumerándose más de cincuenta. Se trata de escritos sobre los que no se tienen garantías en cuanto a la autenticidad de lo que cuentan, por lo que no fueron incluidos entre los evangelios presentes hoy en cualquier Biblia católica. Pero son, en torno al tema que estamos tratando y por su profusión, un argumento probatorio de la historicidad cierta de Jesucristo. Sea cual sea el nivel de veracidad que existe en ellos, hablan de alguien que evidentemente existió y que dejó profunda huella en la historia de aquellos días, porque no se escribe profusamente sobre alguien si éste no ha sido verídico y real e importante la marca dejada en su tiempo. Evidentemente, hay que citar aquí, asimismo, a Flavio Josefo, a Suetonio y a Tácito, historiadores de los siglos I y II que mencionan a Jesús, o al escritor, abogado y científico Plinio, que también hace referencia a Él por la misma época. Y, como no, los propios evangelios (cuatro: de Mateo, Marcos, Lucas y Juan), descripción amplia y más o menos pormenorizada de la vida de Jesucristo. Número mucho menor que los llamados “apócrifos”, que como he mencionado antes son más de cincuenta. Pero es que en este tema la Iglesia siempre prefirió la calidad (la veracidad, la autenticidad) antes que la cantidad... La segunda respuesta es la que se describe en el artículo: “El extraño caso de los doce hombres cobardes...” de esta misma web. Consúltalo para conocerla, es absolutamente definitiva. Milagros hay a miles. En todas las épocas y lugares. Podría contarte aquí otros muchos ejemplos más aparte de los mencionados anteriormente, però no acabaría nunca. Quizás el ejemplo más definitivo sean las famosas curaciones que se producen desde hace años en la población francesa de Lourdes: docenas de hechos totalmente inexplicables para la ciencia que la Iglesia Católica, absolutamente prudente en estos temas, no reconoce como tal si no existe el correspondiente dictamen científico riguroso e irrefutable, proveniente de una Comisión Médica que inició sus investigaciones en 1882 y que, imparcialmente, es formada por médicos y especialistas de cualquier creencia. De Wikipedia recogemos las condiciones que deben de revestir estos hechos de Lourdes para poder ser etiquetados como inexplicables por la Comisión Médica: Que la dolencia sea incurable, desde un punto de vista científico. Que se haya puesto de manifiesto la total ineficacia de los medicamentos o protocolos empleados en su tratamiento. Que la curación haya sobrevenido de forma súbita y no gradual. Que la curación haya sido absoluta, con efectos duraderos, y no solamente una remisión. Que la curación no sea el resultado de una interpretación derivada del estado psíquico de la persona. Un riguroso protocolo, exhaustivo y exigente.   Y con el fin de que no es quedéis con la miel en los labios os explico aquí algunos de esos milagros de Lourdes -extraídos también de Wikipedia- Sólo algunos de muestra de entre los 67 hechos extraordinarios e inexplicables que han sido certificados por especialistas de cualquier religión, agnósticos o ateos, que forman la Comisión Médica: Señales de Dios cuando las palabras no «calan». De éstas podemos dudar, de los hechos no. Sobre todo cuando se producen en gente de nuestro entorno o no muy lejos de él. Si os movéis en ambientes creyentes sabeis de que hablo. Si no… ¿quizás sería cuestión de acercarse a ellos?
Algunos milagros sucedidos en Lourdes:
Vittorio Micheli, de Scurelle (Italia). Visitó Lourdes el 1 de junio de 1963, a la edad de 23 años. Padecía de sarcoma (cáncer) de pelvis. Su tumor canceroso era tan grande y terrible que desencajó su muslo izquierdo, dejando su pierna izquierda paralizada. Después de ser bañado en las aguas del manantial, se liberó del dolor y pudo caminar. La disminución del tamaño del tumor se produjo de inmediato, aunque la verificación final se realizó en febrero de 1964, fecha en la que no sólo el tumor había desaparecido por completo, sino que además se había recalcificado la unión con la cadera, habiendo retornado Vittorio a su vida normal. La curación fue reconocida el 26 de mayo de 1976 en la diócesis de Trento. Serge Perrin, de Lion d’Angers (Francia). Visitó Lourdes el 1 de mayo de 1970 a la edad de 41 años. Sufría de hemiplejía recurrente del lado derecho, con lesiones oculares, por trombosis bilateral de la arteria carótida. Los síntomas, que incluían dolor de cabeza, deterioro del habla y de la visión, y parálisis parcial del lado derecho, comenzaron sin advertencia previa en febrero de 1964. Durante los siguientes seis años vivió confinado a una silla de ruedas, casi ciego. En 1969 viajó a Lourdes, retornando en el mismo estado alarmante. Durante su peregrinaje a Lourdes en 1970, sintió un calor repentino de pies a cabeza, retornando su visión y su capacidad de caminar sin ayuda alguna. Regresó de Lourdes con la confirmación médica de hallarse curado. Su curación fue reconocida oficialmente el 17 de junio de 1978 en la diócesis de Angers. Delizia Cirolli, luego Delizia Costa, de Paternò (Sicilia, Italia). Visitó Lourdes el 24 de diciembre de 1976 a la edad de 12 años. Padecía del Sarcoma de Ewing en la rodilla derecha. Los doctores sugirieron la amputación pues el avance de la enfermedad podría resultar fatal, pero sus padres la rehusaron. La madre llevó a la niña a Lourdes. A su retorno a Italia, el tumor evidenció una rápida regresión hasta desaparecer toda evidencia del mismo, però dejó su tibia angulada, requiriéndose una operación correctiva (osteotomía). La niña recomenzó a caminar, comer, y vivir normalmente. Su curación fue reconocida el 28 de junio de 1989 en la diócesis de Catania (Italia). Ella se hizo enfermera. Jean-Pierre Bély, de La Couronne (Francia). Visitó Lourdes el 9 de octubre de 1987, a la edad de 51 años. Padecía esclerosis múltiple desde 1972 y su estado se deterioró año tras año. Cuando partió en peregrinación a Lourdes, el 5 de octubre de 1987, había sido reconocido por el sistema sanitario francés con un grado de invalidez total. En Lourdes, después de recibir la unción de los enfermos en la explanada del Santuario, experimentó una profunda paz interior. Repentinamente, recobró la sensibilidad táctil y pudo moverse nuevamente. En el acto él no se atrevió a ponerse de pie. En la noche siguiente, una voz interior le repitió : “Levántate y anda”, lo cual hizo. Como a él mismo le gustaba destacar: “el Señor ha curado primero mi corazón, y luego mi cuerpo”. El médico que le atendió, Dr. Patrick Fontanaud, agnóstico, reconoció abiertamente que resulta científicamente inexplicable lo que sucedió. Después de 12 años de investigaciones médicas, su curación fue oficialmente reconocida el 9 de febrero de 1999 en la diócesis de Angoulême. Anna Santaniello de Salerno (Italia). Nacida, en 1911, sufría una cardiopatía severa derivada de fiebre reumática aguda, conocida en el ambiente científico como enfermedad de Bouillaud. Como consecuencia de su enfermedad, tenía dificultades para hablar, estaba incapacitada para caminar, y presentaba ataques de asma severos, cianosis en el rostro y los labios, y edemas en los miembros inferiores. El 16 de agosto de 1952, a la edad de 41 años, peregrinó a Lourdes con la organización italiana UNITALSI (Unión Nacional Italiana de Transporte de Enfermos a Lourdes y al Santuario Internacional). Ella hizo el viaje a Lourdes en tren en una camilla. Durante su estancia encontró asilo en Notre- Dame, precursor de la actual Casa de Nuestra Señora, en el Santuario, siendo objeto de vigilancia constante. El 19 de agosto de 1952 fue conducida e introducida a la piscina de Lourdes en camilla, saliendo del agua por sus propios medios. Esa misma tarde, participó de la procesión mariana de las antorchas. El Comité Médico Internacional de Lourdes calificó la curación de la mujer de "extraordinaria" en 1961. El 21 de septiembre de 2005, la curación milagrosa de Anna Santaniello fue reconocida oficialmente por monseñor Gerardo Pierro, arzobispo de la diócesis de Salerno (Italia), cuando ella contaba con 94 años de edad. Anna Santaniello confió más tarde que, estando enferma, no oró para sí misma en la gruta de Lourdes, sino por un joven de veinte años, Nicolino, que había perdido el uso de sus piernas después de un accidente. Permaneció soltera y, en el ejercicio de la profesión de enfermera pediátrica, trató desde su regreso a Italia a cientos de niños desfavorecidos. Jeanne Fretel, de Rennes (Francia). Visitó Lourdes el 10 de mayo de 1948, a los 31 años. Tenía peritonitis tuberculosa, con enflaquecimiento extremo y fiebre. Fue llevada a Lourdes en estado comatoso. Le fue dado un fragmento minúsculo de Eucaristía y despertó. Se informó que fue "inmediata y permanentemente curada" esa noche mientras yacía en su silla de ruedas al lado del manantial. Todavía no se había bañado en él, ni bebido de su agua. Su curación fue reconocida oficialmente el 11 de noviembre de 1950.
Controvertidos, discutidos, puestos en duda, infravalorados,.… hoy en día, y sinceramente tengo que decir que no entiendo el porque, los milagros no gozan de buena prensa. Se dice que la verdadera fe no necesita de manifestaciones extraordinarias e inexplicables. Es cierto (para quien ya tiene una fe de hierro), pero no lo es menos que el propio Jesucristo recurrió a ellos cuando vio que sus palabras no eran bien comprendidas. Y es que todas sus enseñanzas, todas sus reflexiones, no sirvieron para que le entendieran suficientemente. Ni los propios apóstoles. Es mas, en un clima de incomprensión, al constatar que sus discípulos no tenían suficiente fe a pesar de lo que habían visto y vivido, Jesús llegó a exclamar: “¿Hasta cuando estaré con vosotros? ¿Hasta cuando habré de soportaros?”. (Evangelio según San Mateo, 17, 17).