La respuesta está en Dios...
La
respuesta sobre qué es la
¡Dios ha querido "tener" que salvarnos!: Una historia de amor...
Qué bello es el "plan" divino para con la humanidad! Nos ha dado la herramienta necesaria -la existencia- para que forjemos nuestro propio futuro eterno. Nos ha dotado de todas las posibilidades, dejando a nuestra elección las diversas opciones. Si a uno le ha dado unos dones, a otro le ha dado otros, quizás a un tercero casi no le ha dado ninguno, para que sea el yunque gracias al cual otros forjarán los suyos. Él nos ha dado la vida, pero quiere, sin embargo, que seamos nosotros quienes construyamos nuestra propia existencia y, por tanto, que seamos los responsables de como habitemos la del más allá.
"De mi contacto diario con la Biblia
he sacado una fortísima convicción que me agradaría compartir con vosotros: No
es el hombre el que busca a Dios. Es Dios quien busca al hombre. Él nos espera,
espía amorosamente la sombra del más mínimo signo de consentimiento. He ahí la
clave para discernir el sentido de la historia. He ahí una clave para descubrir
la significación de nuestro propio destino.
Dios ha puesto en marcha la
fantástica aventura de la vida, desde hace millones de años, para llegar un día
a este encuentro único con cada uno de nosotros... Habrá hecho falta toda la
creación para llegar a este momento último, a este encuentro entre Dios y tú.
Cada día se vuelve así el lugar de
una apuesta asombrosa... No hay nada escrito. Nada está juzgado por adelantado.
Dios ha dejado la decisión en nuestras manos. Ni nuestras huidas, ni nuestras
escapadas, nada podrá hacer que se canse este amor loco de Dios. Isaías 54, 10,
dice: 'Podrán desaparecer las montañas, pero mi amor no se moverá de tu lado'.
Aunque nuestro 'si' no se insinúe sino al fin del recorrido, en la hora de
nuestra muerte, es, sin embargo, enormemente bello para aquel que nos quiere tanto.
Nos parecemos a un río lleno de meandros que no acaba de poner mala cara a la
llamada del océano. Los meandros de nuestra vida son estas vacilaciones, estas
dudas..."
Nuestras vidas están llenas de esos meandros de que habla Stan Rougier. Decimos si a Dios... pero actuamos como si no lo quisiéramos verdaderamente. Unos días extraordinarias personas... otros capaces de las atrocidades más abyectas. Y es que la vida es un caerse y un levantarse continuos. Lo importante en cualquier caso -a los ojos de Dios- es que nos sepamos náufragos y deseemos su ayuda, su Salvación.
"Si no supiésemos que estamos
perdidos, no estaríamos salvados".
Sin embargo, siguen en pie las preguntas del encabezado de esta página: Salvados... ¿de qué? y ¿por qué? Leamos con mucha atención y lentamente -el texto es un tanto denso- este escrito de Bernard Bro. Aborda el tema central del "porque" y por ello resulta básico comprenderlo.
"Dios ha
querido salvarnos. Abordamos aquí uno de los puntos más trascendentales del
misterio cristiano que no hemos de reservar para un círculo de iniciados porque
plantea nuestra razón de existir. ¿Podemos decir que Dios ha querido tener que
salvarnos?
A primera vista sería muy normal
escandalizarse de que Dios haya querido tener que salvarnos; con una mano
creando al hombre, con la otra abriendo una `trampa´ en la que éste no dejaría
de caer para que Dios tuviera el placer de sacarle de ella...
Cuando se trata de Dios corremos el peligro de dejarle una psicología humana, inadecuada y tosca. Es comprensible, pero no es una razón para no decir nada.
Decimos de Dios que ha creado para su
gloria y por amor, expresiones que si las comprendemos mal conducen a evidentes
caricaturas: Dios creando para que le admiremos y disfrutando de los vapores
del incienso; o bien: Dios creando, por contra, porque tiene necesidad de
nosotros y se aburre en su soledad. Si la tradición cristiana ha conservado,
sin embargo, estas expresiones es porque tienen otro sentido más profundo y más
difícil
Así pasa con la afirmación de que
`Él ha querido tener que salvarnos´: Decidido a respetar la libertad de sus
criaturas, (y eso es un misterio, lo contrario sería indigno de Dios). Él no
podía `ignorar´ (esto también sería indigno de Dios) lo que resultaría del mal
uso de la libertad. Después de Cristo, la reflexión de la Iglesia se esfuerza
por conciliar correctamente esta previsión infalible con el respeto a una
libertad totalmente real. En estos tiempos, afirma una cosa y la otra, y
sostiene, con San Agustín, que Dios no habría permitido el mal si no hubiese
sabido extraer de él un bien más grande. Ha querido permitir el mal porque ha
visto que ofreciéndonos la salvación nos ofrecía más de aquello que el pecado
nos hacía perder. Ha querido, por tanto, tener que salvarnos sin que hubiese
aquí más trampa que la de la libertad misma. Si no se caricaturiza esta visión
de las cosas por un antropomorfismo un tanto basto, la podemos encontrar difícil, puede
asustarnos, pero es difícil reducirla a algo sin importancia, pues fuerza a
admitir que la salvación será siempre superior a las ideas que podamos hacernos
de ella"
Hemos de saber que podemos condenarnos, que existe el infierno, porque sólo así manifestaremos confianza en la Salvación que Dios nos proporciona, sólo así depositaremos en Él y en su misericordia, nuestra esperanza. Si rechazamos el infierno como un invento, como algo irreal, como algo que no puede existir, estamos creyendo que nuestra salvación es algo automático por el sólo hecho de creer en Dios. No es así, aunque una parte de los católicos piensan hoy en día de esa manera. Mucho mejor que yo lo explica un eminente dominico:
"Si no aceptamos confesar que en cierto sentido nuestra
salvación eterna no está asegurada, es que rechazamos tener confianza. Si se ha
hecho casi imposible hablar del infierno a los cristianos, no es porque tienen
miedo, sino porque no quieren tener miedo. Ya no pueden soportar este dogma,
porque no tienen confianza. Por eso, si creyeran en el infierno, no teniendo
confianza, estarían perdidos.
Lo que yo llamo el coraje de tener miedo es sencillamente el
coraje de creer en el infierno. Y digo que el rechazo de este coraje es un
rechazo de tener confianza, por consiguiente, un peligro muy grande de
condenarse... En cierto sentido, el único. Si hay un punto en el que la
generación actual está en peligro, es ése."
La Salvación es gratuita, por supuesto, porque depende totalmente de la apreciación que Dios haga de nuestra existencia (de como la supimos vivir, de como la usamos, de como la aprovechamos o desaprovechamos... o de que le dé la gana, simplemente, salvarnos). En su mano está, por supuesto, regalar la Salvación -si lo considera oportuno- a quien menos se lo merezca aparentemente según nuestra óptica humana. Pero eso no quiere decir que conceptos como "reparación" o "satisfacción" (usados por el mismo autor en el texto que transcribimos más abajo) tengan que ser olvidados. Dios es absolutamente magnánimo y misericordioso... Dios es amor. Si. Por ello nos salva. Pero de nuestra parte está, como cualquier hijo agradecido, "compensar" (¡que difícil resulta encontrar la palabra que lo exprese correctamente!... quizás sería mejor "agradecer") este amor gratuito recibido. Aquí, en nuestro mundo, siempre que recibimos un regalo damos gracias por él inmediatamente. ¿Cómo no tiene que ser igual, com mayor motivo aun, con Dios?
"Cristo ha muerto en la cruz para reconciliarnos con el Padre:
era preciso satisfacer a las exigencias del amor herido antes de sanar la
naturaleza humana. Hoy tenemos tendencia a ver en el pecado ante todo una
enfermedad. La máquina está estropeada, hay que repararla: Cristo, como el buen
samaritano, viene a inclinarse sobre ella para restituirle su vigor primitivo.
Es verdad, pero no es el mismo misterio de la redención.
El misterio de la redención es otra cosa, de la que no gusta
mucho hablar. No gustan las palabras de reparación y de satisfacción; se las
rechaza en nombre del Amor porque, se dice, toda esta historia de una deuda que
pagar no son más que nociones jurídicas: entre Dios y nosotros hay otras
relaciones distintas de las de un juez o un policía con su prisionero, Dios no
es un comerciante: `Aquí tiene su factura, si quiere pagar´... Es lo que dice
la mentalidad moderna y estamos todos contaminados por ello"
Dicho de otra forma: un cuento -como una parábola- nos lo hace más comprensible:
"El
día en que el rey René llevó a Saint-Amadour a la hermosa Aude de Toulouse
- Ten piedad, Señor...
-
Señores
cónsules, dijo el el rey René en voz alta, mi
Señora
la Reina
os pide, como regalo de bienvenida, que
le
concedáis la vida de este hombre.
Los
cónsules respondieron:
-
Este
hombre ha fabricado moneda falsa, la ley manda que sea ahorcado.
Entonces
intervino un
consejero del rey y dijo que, seún la costumbre de
Saint-Amadour,
- Es cierto -respondieron los cónsules-, pero ¿de dónde queréis que consiga este pícaro los 1000 ducados?
El
rey buscó en su escarcela y sacó 800 ducados de ella.
-
¿No
son suficientes, Señores, 850 ducados para salvar la vida
de este hombre?
-
La
ley exige 1000 ducados, respondieron los cónsules.
Todos los señores del
séquito vaciaron sus bolsillos en las manos de los
magistrados.
-
¡997
ducados! anunciaron los cónsules. Faltan todavía 3
ducados.
-
¿Será ahorcado este hombre por tres ducados?, clamó la reina.
-
Será ahorcado, respondieron los cónsules, e hicieron una
señal al verdugo.
- ¡Deteneos!, -gritó la reina-. Que registren a ese desdichado. Quizás lleve encima los tres ducados.
El
verdugo registró el calzón del reo... y encontró tres
ducados.
-
Señora,
este hombre es libre.
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"Cristianos, el hombre al que habeis visto en peligro de ser ahorcado en este cuento, soy vosotros, soy yo, es la humanidad. En el día del juicio nada nos salvará, ni los 800 ducados de la misericordia de Dios, ni la intercesión de la Virgen, ni los méritos de los santos, si no tenemos encima tres ducados de buena voluntad"
(
Aunque,
repítamoslo una vez más, Dios siempre nos dará más de lo que merecemos. Leed esta corta
historia que podría servir, extrapolándola, como ejemplo de la
misericordia y magnanimidad de Dios:
"Un pobre pedía limosna a Alejandro
el Magno. Éste se paró y mandó que le hiciesen señor de cinco ciudades. El
pobre, confundido y aturdido exclamó: `Yo no pedía tanto´. A lo que Alejandro
respondió: `Tú has pedido como quien eres, yo te doy como quien soy´"
Como colofón de esta página, os ruego meditéis
largamente esta frase con el deseo de que al fin comprendáis en que clase de
Dios creemos los cristianos: DIOS-TODO-AMOR.
"Lo difícil no es aceptar que Cristo sea Dios; lo difícil sería aceptar a Dios si no fuera Cristo" (J. Malegue, escritor francés. Citado por José Luis Martín Descalzo en "Vida y misterio de Jesús de Nazaret")
Ver también:
La respuesta sobre el más allá
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