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La respuesta al sentido de la vida

     ¿por qué venimos al mundo?  

Si cada uno de tus días es una chispa de luz, al final de tu vida habrás iluminado al mundo

Sólo hay una cosa que todos podemos poseer sea cual sea nuestra condición. Tanto seamos ricos como pobres, directores de empresa o simples empleados, personajes famosos o seres anónimos, etc... en una cosa somos iguales. Y esto es la capacidad de amar. Porque todo el mundo puede amar, y en la misma cantidad. Tanto tengamos poder, dinero e influencia como que no los tengamos. Por eso:

¡El "precio" que puso Dios a la Gloria fue tan igualitario y tan al alcance de cualquiera...! No se trata sólo de amar regalando dinero, si no lo tienes puedes amar lo mismo, proporcionalmente: dando de comer de lo que tengas y el otro necesite. No se trata sólo de poner remedio a los males del mundo dando trabajo a cuantos más mejor -si por tus circunstancias no puedes-, como de amarlos lo mismo ayudándoles a vivir según tus posibilidades. No se trata de cómo les proporciones amor, puedes amarlos, simplemente, con tus palabras de consuelo y compañía, con tu presencia junto a ellos.

La Gloria no es una carrera. No es tampoco como un libro de contabilidad... con su "debe" y su "haber". No la logrará quien más haya hecho, ni quien menos haya tropezado, sino quien más amor haya repartido por la vida. Es más bien una cuestión de actitud.

No vale, frente a nuestra pequeñez en cualquier aspecto, quejarse de que nosotros no podemos arreglar el mundo, porque somos demasiada poca cosa. Para aquel a quien ayudemos, sí que habremos arreglado el mundo... "su" mundo. Aunque a nivel global este planeta siga con sus problemas de siempre, para él "su" mundo habrá cambiado... porque sus problemas habrán desaparecido o disminuido. Y si todos los demás hicieran igual...

Como le dijo Juan XXIII a Loris Capovilla, su secretario particular, ante la preocupación de éste por su idea de celebrar un Concilio:

"Estamos llamados a poner en marcha, no a llevar a término". O como dijo Teresa de Calcuta:

Imaginaros lo "iluminador" que puede ser estar constantemente encendiendo pequeñas velas, o produciendo pequeñas chispas de luz...

Se trata de pasar a la acción. Basta ya de mirar al mundo como espectador, como quien asiste a una representación teatral que no le concierne... porque nos concierne y mucho. Estamos todos en el mismo barco, el mismo mundo, que nos lleva a través de la existencia. No podemos centrarnos en nosotros mismos, no podemos mirarnos el ombligo constantemente. ¡Aunque tengamos serios problemas!.

Por que hay otras personas que tambien tienen problemas, los mismos o parecidos.. y aun peores. No hay nada más curativo que comprender que no somos el centro del universo.

Saliendo fuera de nosotros mismos, asomándonos a nuestro entorno -no sólo pasando a través de él-, dándonos cuenta de que los demás también sufren en una u otra medida y aportando nuestra ayuda... nos ayudamos a nosotros mismos. Porque relativizaremos todo lo que nos suceda. Ayudando a otros... comprenderemos nosotros.

Así se construye el mundo. Un mundo vivible. Un mundo donde nuestra existencia tenga un sentido.

Porque, a ver, examinemos otras posibilidades:

¿Hemos venido al mundo a trabajar? ¿A atesorar dinero y propiedades? ¿A tener poder y mandar sobre los demás? ¿A divertirnos y pasarlo bien?...

¿Que sentido de la vida sería éste donde sólo unos pocos pudieran alcanzar un "más allá de la muerte" dichoso y feliz? ¿Dónde muchos no tuvieran "moneda de cambio" con la que "pagar"? Porque no todo el mundo puede trabajar, ni todo el mundo tiene dinero, ni todo el mundo tiene poder, ni todo el mundo lo pasa bien...

Os lo confieso... yo, me daría de baja de creer en ese Dios que nos hiciera pasar por esta vida con tamaña injusticia: una vida con sentido sólo para unos pocos. ¿Dónde estaría su pretendido amor?.

Por eso, y tal como dijimos antes, sólo una cosa está al alcance de todos. Sólo en una cosa somos todos millonarios: la posibilidad de dar amor. Y digo "posibilidad" porque sólo si la ponemos en práctica, si la llevamos del terreno de lo posible al de lo real, dará sentido valioso a nuestra existencia y gracias a ello -y a la magnanimidad de Dios, claro- podremos alcanzar ese más allá que esperamos, en el que creemos, o -aunque no creamos en él- que nos gustaría que existiera... porque también a los ateos les gustaría que fuera verdad, que fuera realidad.

Por eso...

Y por ello, inmensamente generoso que Él és, le puso tan bajo "precio":

Por que al fin y al cabo...

Ricos del mundo... leed ahora, con atención, estas duras palabras. Fuertes, si, pero que firmaríamos todos los demás como nuestras. Porque contienen la más absoluta verdad sobre el tema de la distribución de la riqueza del mundo:

¿Cómo se le queda el alma, después de leer esto, a quien tiene más de lo que necesita? ¿O es que no es totalmente verdad lo que dice San Basilio en su escrito? ¿Quien podría, con la mano en el corazón, argumentar que estas palabras no son ciertas?

Y si lo queréis con palabras menos doctas, pero igual de directas, leed esto:

Es decir... no todo se termina con los buenos propósitos y dedicando mucho tiempo a teorizar sobre el tema si no se aportan, además, soluciones reales, aunque sean al pequeño nivel de nuestras posibilidades (no sé quien dijo que "quien hace lo que puede no está obligado a más")

Y es entonces, cuando la alegría puede invadir nuestra vida. En lugar de estarnos quejando constantemente de nuestros problemas.

Y si no... hagámoslo por interés (en la linea de un Blaise Pascal que decía que aunque fuera sólo "por si acaso" que lo de la otra vida era verdad, valía la pena apostar por un sentido cristiano de la existencia y dedicarla a ello, pues lo que se podía perder ¡era tan grande!).

Empezad por un único "si". Sólo una vez. Sólo por hoy (copiando a Juan XXIII). No os hagais propósitos a largo plazo, el peso total del proyecto puede no seros llevadero. Plantearos sólo el día de hoy. Y decidiros por renovar cada mañana el mismo propósito. Cada mañana por un solo día. No más.

Así llegaréis muy lejos.

"...la humillación más profunda constituye la exaltación máxima que el hombre puede alcanzar" ... "nada podía serme arrebatado". Y eso lo decía, nada más y nada menos que el entonces Secretario General de las Naciones Unidas, el cual resumía así su lema de vida. Y es que todo el "poder" del mundo está en el darse a los demás. Porque sólo entonces tu vida tiene una razón de ser. Has dejado en la cuneta al propio yo... no eres esclavo de nada. Sólo diciendo "si" a los demás te realizas plenamente. Tú mismo dejas de tener importancia, pasas a segundo plano... y así te liberas de tanto equipaje inútil y de tantos disfraces superfluos como te has puesto encima en el transcurso de la vida.

Y, por encima de todo, tu vida tendrá un sentido (que además te resultará "rentable")

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