La respuesta sobre el silencio de Dios

   

 

¿Dios no responde? 

 

Dios siempre responde... incluso cuando calla.

De hecho, Dios no calla nunca. Siempre está en diálogo con nosotros. El problema está en que, por desgracia, ese diálogo no llega a establecerse como tal porque la mayor parte de las veces sólo Él quiere comunicarse. No nosotros. Inmersos en lo material de cada día, no le prestamos oído. Nuestro nivel de confianza, de abandono, de relación con Dios es tan pobre, que no conseguimos establecer el vínculo necesario para que su voz (o su silencio, igualmente respuesta) resuene en nuestra alma. La factura del frigorífico, el futuro de los niños, el bienestar para los que queremos... Es lógico actuar así. No es ningún pecado pensar en ello. Más bien todo lo contrario, debemos velar por la felicidad de aquellos que nos rodean. Y cualquier ser humano por aquellos que se cruzan en su camino cada día. Repito: es lógico que sea así... pero NO SOLO ASI.

Descuidamos la otra parte de nuestra existencia, la espiritual, que tiene que evidenciarse un día como la principal. Jesús recrimina a Marta el cuidado fuera de lugar que en aquel momento en que Él está en la casa, ésta pone en las cosas materiales: "Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada." (Lc. 10, 41-42). Y es que al fin de nuestros días sólo tendrá importancia nuestra dimensión espiritual, no las cosas materiales que hayamos tenido y que habremos abandonado en la tierra: bienes, dinero, poder, placeres....

¡Y, sin embargo, a pesar de nuestro alejamiento -voluntario- de Él, a pesar de lo poco que le tenemos presente en nuestras vidas, le pedimos "cuando truena" que nos saque de los apuros!. Y, encima, nos quejamos si nos parece que no respondió. Creemos que ya que se lo pedimos y que somos sus hijos nos tiene que conceder siempre lo que le solicitemos, olvidándonos de que no siempre los padres (los buenos padres) dicen que si a los ruegos de sus hijos.

Porque, al fin y al cabo, lo importante es que...

¡Qué fácil sería descolgar un teléfono y tener línea directa con Dios! Conocer sus respuestas a nuestras peticiones, de primera mano e, incluso, con derecho a discutírselas si hiciera falta. Pero... ¿qué sería de nuestra participación personal en esto de la fe? ¿Dónde quedaría nuestra libertad de creer en él, o no creer? ¿Cual nuestro papel, reducido al de mero títere? No sería una opción personal y libre, sino, simplemente, un "deber" sin escapatoria, como dice A. Patin:

Es esa misma característica de búsqueda uno de los factores de la salvación: querer encontrarle, querer conocerle mejor... para quererle más.

Porque es esta misma inquietud o duda la que nos encaminará hacia la búsqueda. Hay algo en los seres humanos que nos empuja hacia adelante, a la investigación, a buscar comprender lo que está escondido, a desvelar el misterio, a descubrir lo oculto. Ese algo que nos empuja a querer saber despierta en nosotros en forma de inquietud. Y cuando se trata de Dios, eso es bueno, porque significa -a sus ojos, que le queremos encontrar.

Quiero subrayar aquí una importante característica del ser humano que hay que tener muy en cuenta cuando evaluamos la presencia de Dios (su voz o su silencio) en nuestras vidas: la falta de perspectiva. Pedimos que las respuestas de Dios sean inmediatas y, por supuesto, que las haya. Sin embargo, no siempre es así y las aparentes no-respuestas no son entendidas.

Pero echad la vista atrás, rememorad las ocasiones en las que la no-respuesta se puede entender ahora a la luz de acontecimientos posteriores, a veces después de muchos años. ¡Cuántas vidas cambian de rumbo sin que en el momento en que se producen las "respuestas de Dios" nos percatemos de ello. Cuántas veces comprendemos el porqué viendo las cosas en perspectiva!. Edith Stein (Santa Teresa Benedicta de la Cruz) escribió:

Depende de Dios -y es bueno y conveniente que sea así, pues Él es quien "sabe", no nosotros- obrar en nuestra vida. Él siempre responde. A veces claramente, otras callando (que tanto puede significar un "no", como un dejar la decisión a nuestro libre albedrío). Pero siempre para nuestro bien.

Como Padre Él nos pone en el camino de la vida -o permite- las situaciones que puedan ayudarnos. Desde luego, respetando siempre nuestra libertad. A veces, incluso, parece retirarse, como para que seamos capaces de una reacción que nos impulse hacia arriba de nuevo, capaces de entregarnos a su Voluntad con un cheque en blanco:

O como explicó también Martin Luther King:

Y es que fe, la entrega, el abandono, es necesario para obtener una respuesta. Del tipo que sea. Hay que tratarle de Padre. Y amarle como tal. Él viene a buscarnos, hasta muy cerca de nosotros, esperando que le vayamos a encontrar. Y ahí cualquier movimiento hacia Él puede servir:

Un famosísimo filósofo, Soren Kierkegaard, resumió así la actitud (la confianza y la fe) que hay que tener con Dios, para entender que tanto si "habla" como si "calla" Él siempre dispone lo mejor para nosotros:

Tu opinión:            E-mails relacionados:            Ir a Portada: